Adiós, Sandra

¿Cuando hablamos por última vez? Para el cumpleaños de un amigo hace casi dos meses. Creo que yo ya me había tomado unas pocas cervezas de más. Empezamos a conversar de la famosa panera que arruiné cuando preparé una chorrillana en tu casa. Hablamos de esto y de aquello, y por algún motivo que no me acierto a explicar, quedamos en que yo debería ir a tu casa y que íbamos a conversar seriamente de mi vida (algo que podemos resumir en “¿te vas a casar con ella sí o no?”). Te respondí algo como “invítame a tomar once y voy y conversamos de eso”.

Nunca tuvimos esa conversación. Nunca la tendremos. ¿En la próxima vida, tal vez?

Nos conocimos en la U. Durante un tiempo los Tres Chiflados usábamos tu casa (y la de tu ahora viudo compañero de vida) como centro de operaciones y maquinaciones varias. Eran los buenos viejos tiempos…

¿Qué puedo escribir como profunda reflexión? ¿Algo como “vive cada día como si fuera el último”? O quizás un “aprovechen a sus seres queridos. Díganles que los aman. Díganles que son importantes para ustedes”. Suena lindo, verdad? Pero ni ustedes ni yo vamos a hacerlo porque así es la naturaleza humana. Es parte de nosotros llorar y lamentarse cuando ya está todo hecho. Seguiré sin pagar las cervezas que debo, sin juntarme con la gente con la que prometí tomarme un café. Yo no lo haré ni ustedes tampoco. Vivirán la desagradable sensación de haber dejado algo pendiente y se sentirán culpables por eso.

Lo lamento, pero en este momento no puedo seguir escribiendo.

Algunos días después

El día del velorio fui con mi polola. Había muchas personas conocidas, un montón de amigos. Saludé muy poco, sólo a algunos.  Nos enteramos de los detalles. La resignificación de los acontecimientos es potente, muy distinta a cuando uno lo escucha o lee sobre la muerte de un desconocido. Algún día meditaré sobre ese proceso, y de como la misma palabra, aplicada al mismo contexto se transforma en una “cosa” distinta cuando tiene que ver con algo cercano a nosotros mismos.

Sabía que no quería acercarme al ataúd. Lo sabía porque sabía que me sentiría mal, que me daría pena, que sería exponerme de manera innecesaria a mis propias emociones. Después de un largo rato, lo hice, y pasó justo lo que esperaba. Me dio pena. Mucha pena. Me sorprendió el ímpetu con que las lágrimas empezaron a caer. Tobías estaba al lado. Me abrazó y eso me permitió mantener un débil control sobre mí mismo. Luché conmigo mismo por bloquearlo, por detener mi pesar. Lo conseguí a medias, a duras penas, haciendo un enorme esfuerzo mental. Incluso sabiendo que los hombres no debemos llorar, lo hice.

¿Por qué me duele? ¿Éramos acaso los mejores amigos del mundo? ¿Hablábamos todos los días?  No. No era así. Nos conocíamos hace ¿seis, siete? años. Es verdad, estuvimos en muchos momentos juntos, con muchos amigos. Y fue divertido. Hubo muchos buenos momentos.

No fui al funeral. Tenía programada una reunión a esa hora desde la semana anterior. Podría haberla pospuesto, claro. Pero no lo hice porque sabía que no quería estar ahí. Sabía que no podría controlarme. Que volvería a sentir pena, y que difícilmente podría manejarla, sobre todo envuelto en la vorágine emocional que implica ese tipo de situaciones. Mis creencias -descreencias, más bien- no ayudan mucho en este momento. Tenía una excusa racional -no una razón- para no ir. Siendo honesto, no me sentí preparado para estar ahí. Lo siento chicos, pero no podía. Alguien me lo dijo, porque lo sabe: pueden verme enojado, feliz, aburrido, pero no triste. La tristeza es el más personal de mis estados de ánimo. No me gusta compartirlo, no me gusta buscar apoyo. Mi tristeza es mía y de nadie más.

Por eso, quizás sintiéndome culpable, esa noche soñé con ella.

Ahora

No puedo contar exactamente como fue el sueño, me es difícil recordar y encontrar las palabras para describirlo. Sin embargo, creo que  me ayuda a entender mi pesar. Y tiene que ver con ser una buena o mala persona. Existen siempre matices de grises, lugares donde hasta el más santo se comporta como un pecador. Pero al parecer en este caso se trata de alguien a quien nunca pude asociar con algo negativo. Alguien que estaba de pie en el lado luminoso, muy lejos de mi hábitat natural de relativismos morales, y nihilismo en estado casi puro. Conozco personas que, si supieran que el muerto soy yo, dirían sin culpa “que bueno que se murió ese conchesumadre”. Todavía me asombra pensar que devolvió 200 lucas que encontró tiradas en el piso. Yo no lo hubiese hecho en el pasado, y en el presente tampoco.

Cuando desperté, sentí mucha tranquilidad. Con la sensación de “wow, es lo más cercano a una experiencia mística que he tenido”. Pero más tarde la tristeza volvió a la carga. Creo que me permitiré, de a poquito, en privado, encerrado en el baño o antes de dormir, llorar. Una pizca cada vez, sin dejar que fluya por completo. Es mi mejor modo de manejarlo.

Quizás todavía no he madurado (y esa era una talla recurrente en mi contra, recuerdan?)

Ahora, con su permiso, dejo mis patéticas reflexiones hasta acá. Tengo la cara roja, los ojos llenos de lágrimas y me cuesta mirar el monitor para seguir escribiendo. Voy a esconderme, llorar un poco y lavarme la cara.  Y a trabajar.  Repetiré ese proceso las veces que sea necesario.

Escrito por Boolture

6 Comentarios en “Adiós, Sandra

  1. Ric Responder

    Diciembre 22, 2010 at 9:01

    Supongo que es tu ex.
    Yo creo que cuando nos comprometemos y no lo hacemos, es por que la persona no tiene tanta relevancia para nosotros.
    Los/las que si nos importan, por lo general, siempre cumplimos en las citas y compromisos, solo por lo general y no siempre.
    Saludos

  2. Melissa Responder

    Diciembre 22, 2010 at 8:35

    Lo lamento, estimado.

    Entiendo que uno sienta culpa si no visitó al amigo o pariente que estaba agonizando o con una enfermedad terminal, pero cuando la muerte es inesperada, ¿qué se puede hacer? ¿Habrías considerado la posibilidad de que después podía no estar viva? Generalmente, no pensamos en eso.

    Por eso, más que culpa por lo que no hicimos o dijimos, es mejor agradecer que estuvieran en nuestra vida. Y apreciar a quienes siguen vivos.

    Eso, saludos.

  3. Kurakensama Responder

    Diciembre 24, 2010 at 4:35

    Gracias, Boo.

    El llorar en público tampoco es mi estado natural, pero bueno… nada de esto es natural.

  4. Ares. Responder

    Diciembre 28, 2010 at 8:53

    En estos casos es cuando uno quiere estar solo, no hay nada que te puedan decir que te haga sentir mejor. Dicen que el tiempo cura las heridas… pues es una mentira enorme. El tiempo lo que te da es ganas de volver a entablar algun vínculo emocional con algo, aunque sea un potus.

    Espero superes con creces este momento, recorda que si nunca te cayeras, no recordarías lo lindo que se siente levantarte de nuevo.

  5. Esquina Tijuana Responder

    Diciembre 30, 2010 at 6:12

    uy escribir hasta que las lágrimas te ciegan, recordar a nuestros muertos, soñarlos (que en realidad son visitas, estoy segura)… imagino, entiendo, empato con el proceso.

    Tienes mi solidaridad, desconocido, así es el luto (te mando un pañuelo virtual)

  6. Leo Responder

    Enero 15, 2012 at 5:55

    Que bueno que haya muerto esa hija de puta jajajaja debe estar podrida ya

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