Sueños, de Akira Kurosawa

Tobías quiere hacer películas algún día, pero por mientras se dedica a verlas, diseccionarlas y desentrañarlas. Está convencido de que las historias son lo más importante del mundo. ¡Síguelo en Twitter!

Los ocho sueños de Kurosawa Tenno – que significa “Emperador”, como le decían en Japón – pueden parecer cuadros expuestos de forma fragmentada, cada uno cargado de una gran riqueza plástica y estética, narrada en un lenguaje también fragmentado y que muchas veces se vincula – o nos parece que se vincula – con una expresión del inconsciente, con un trance sugerido por el ritmo de cada uno de los episodios, un trance que es distinto en cada sueño y que se traduce en sensaciones de incomodidad, paz, terror, impaciencia, desasosiego…

Cada uno de los ocho sueños tiene su propia potenia estética, su propia composición rítmica y también una carga simbólica. Son bellos, todos los sueños, cada imagen, y no necesitan ser racionalizados. Después de todo, son solo sueños, que se desvanecen al despertar.

Sin embargo, como bien lo sabía nuestro viejo amigo Freud, los sueños nos hablan siempre desde el subconsciente, de algún lugar más profundo de nuestra propia cabeza, o incluso de algún otro lugar de nuestro ser.No lo sé con seguridad, pero tengo una gran sospecha. No he leído aún a nadie que haya hecho una repasada global de la película, solo análisis de los sueños por separado. En mi opinión, esto es un error. Aunque cada episodio en maravilloso y se pueden ver de forma fragmentada sin que por esa carezcan de significado o potencia estética, la película en sí es un todo, y no solo un compilado de cortometrajes oníricos con un actor común. Es en particular ese protagonista común – cuyo nombre no se menciona, pero que en los créditos aparece como “Yo” – la principal y obvia pista de que hay un hilo conductor, de que hay que seguir a “Yo” – insisto, Freud habría hecho un festín con esta película.

Si hay algo en que los japoneses son mucho mejores que los occidentales, es en su capacidad de reflexionar sobre sí mismos. Esto se puede ver sobre todo en su cultura audiovisual, que es amplísima. Tanto el cine como el Anime – que es un arte – tienen esos tintes de autocrítica y autorreflexión que pueden ser riquísimos si vienen de una cultura como la japonesa; marcada por un gran contradicción en su identidad, el conflicto entre la milenaria tradición que a nosotros nos parece tan pintoresca y la progresista e invasiva nueva cultura occidental que tanto se han esforzado por asimilar los japoneses.

Pero esa asimilación no ha sido fácil y sí dolorosa. Y es tan compleja que en realidad no vale la pena intentar explicarla acá, donde se supone debemos hablar de películas. “Sueños” habla de eso; de la difícil transición de una cultura a otra y de su asimilación – entiéndase cultura como se debe, es decir, como toda una forma de vida.

Sueños Akira KurosawaSi miramos la película en forma global y más allá de su estructura episódica, los sueños se suceden cada uno con profundas crisis de identidad, que al principio tienen que ver con la tradición, luego con la asimilación de otra cultura – que no por casualidad es el arte de Van Gogh, recordemos que fueron los holandeses los primeros en ser aceptados por las aduanas japonesas – y más tarde con el colapso de esa identidad para, al final, concluir con una bella, por cierto hermosa asimilación de la propia indentidad, de la vuelta a lo básico, al molino de agua que hace mover la vida y la muerte.

Kurosawa, quien era un gran admirador de la cultura occidental – en particular de Shakespeare, Dostoievski y Tolstoi – era, sin embargo, muy japonés y muy descendiente de Samurais. Es esa misma contradicción la que se hace presente en gran parte de su filmografía pero en especial en esta. El final de la película está cargado de lenguaje simbólico; el extranjero desconocido enterrado bajo la piedra es homenajeado, pero solo para después permitirnos seguir con el carnaval funerario, que celebra la vida y la muerte, junto a la corriente del río donde veremos la secuencia de créditos. Es la vuelta al hogar al final del viaje, o el final alegre de un sueño matutino.

La película solo alcanza su potencia expresiva cuando la vemos entera, en su completitud y en orden. Por supuesto, cada interpretación en válida y deseada. El lenguaje onírico es para eso, para que cada quien lo vea como quiere, como más le llega o como más le hace sentido. Lo importante es que, a pesar de ser “tan” japonesa, aquí nos sigue haciendo sentido y también les hizo sentido a los norteamericanos que la produjeron – Warner Bros. ni más ni menos. Quizás sí habla de la contradicción entre dos culturas que conviven y chocan. Quizás sea eso mismo lo que nos hace sentido. Después de todo, aquí también somos mestizos.

“Dreams” o “Konna yume wo mita” (1990)

  • Dirección: Akira Kurosawa
  • Producción: Hisao Kurosawa, Mike Y. Inoue
  • Guión: Akira Kurosawa
  • Reparto: Akira Terao, Martín Scorsese, Mitsunori Isaki, Chishu Ryu, Mieko Harada
  • Fotografía: Takao Saito, Masaharu Ueda
  • Edición: Tome Minami
  • Música: Shinichiro Ikebe
  • Países: Japón, Estados Unidos
  • Duración: 119 min.
  • Idiomas: Japonés, Francés, Inglés.