Peatones furiosos

Desde hace un tiempo, quizás un par de años, muchos habitantes de Santiago comenzaron a reemplazar los medios de transporte convencionales por una bicicleta. No tengo un dato específico de cuantos ciclistas hay en la capital, pero estoy seguro que la mayoría comparte mi opinión: cada vez hay más personas que se mueven sobre dos ruedas.

Para la sociedad en general hay ciertos beneficios al fomentar el uso de la bicicleta como reemplazo del transporte público o privado. Dicho de otro modo, andar en bicicleta tiene externalidades positivas. Por ese motivo algunos países desarrollados (o jipis) se preocupan de construir ciclovías tal como en Chile construimos carreteras concesionadas: muchas y en todos lados.

Pero seamos honestos: nadie es una buena persona sólo porque ande en bicicleta. Mucho menos se transforma en un mártir o un ser respetable. Si alguien decide viajar al trabajo en bicicleta en lugar de usar un automóvil, micro o metro, es porque le conviene y nada más, así que no tenemos nada que agradecerle ni debemos resignarnos a que trate al resto como basura. Ni los peatones ni otros vehículos motorizados son obstáculos, por mucho que los ciclistas se empeñen en tratarlos como tales. Ningún ciclista usa la bicicleta sólo porque sea bueno para la sociedad en su conjunto, sino porque tiene beneficios directos para su propia persona. Es un acto económico, y por tanto egoísta: se ahorran el dinero de un pasaje, demoran menos en llegar de un punto a otro (tiempo = dinero, ahorrar tiempo es por cierto ahorrar plata y así pueden llegar temprano a la casa a ver tele), y mejoran su estado físico (ahorrándose el gimnasio y reduciendo sus gastos médicos en el largo plazo). Quizás alguno lo haga porque cree que así reduce su huella de carbono, pero creo que son los menos, y de todos modos tampoco creo que lo hagan sufriendo.

Ciclista Chile
Ciclista urbano promedio. Noten sus fauces desencajadas y su mirada carente de cualquier atisbo de humanidad.

Aún a riesgo de ser majadero, voy a insistir: quienes usan la bicicleta lo hacen porque les conviene. Si no fuera así, viajarían de otra forma. No son ni santos, ni hay que darles las gracias. Así que invito a todos los ciclistas que creen que son candidatos al premio Nobel de la Paz a que se bajen del sitial de honor en donde creen que están.

El gran problema para aquellos que no usamos una bicicleta como principal medio de transporte, es que hace algún tiempo los ciclistas decidieron que las leyes del tránsito no se aplican a ellos. Usan la calle o la vereda de forma aleatoria. Si la ciclovía está congestionada, no la usan, aunque es por donde deberían transitar. No respetan las luces rojas. No respetan las preferencias. Como su capacidad de maniobra es mayor, se meten por cualquier lado, no importa que haya gente u otro vehículos por ahí. Tocan su campanilla y reaccionan con violencia si no te haces a un lado como si fueran Moisés abriendo el mar Rojo. POBRE DE TI que no te muevas lo bastante rápido para dejarlos pasar, que son capaces de pasarte por encima y decir “yo toqué la campanilla” como si por escuchar un Ring Ring el mundo tuviese que detenerse para ellos y cederles el paso.

Es cierto que al menos en Santiago la cantidad de vehículos motorizados es demasiado alta para el tipo y cantidad de calles que tenemos, y que eso lleva a que en ciertos lugares haya tacos a cualquier hora. Los conductores se enojan, tocan la bocina, se gritan entre ellos, etc. Uno lo entiende, porque pasar media hora atrapado en el tráfico es algo que a cualquiera pondría de mal humor. Pero si los ciclistas no sufren ese problema ¿por qué tratan mal al resto? He visto ciclistas rompiendo el espejo retrovisor de un auto detenido en un taco, pasando con luz roja, pasando entremedio de peatones en una calle congestionada, gritando y poniendo caras de enfado a todo el que se cruce en su camino. El problema es que para los ciclistas TODO EL MUNDO es su camino, y por el hecho de estar en la calle por definición los estás estorbando. Tanto es así que los mismos ciclistas pelean entre ellos incluso a puñete limpio, lo que no deja de ser divertido, sobre todo cuando llevan puestos esos cascos tan graciosos y coloridos.

Aprender a andar en bicicleta

Cuando una persona aprende a conducir un automóvil, debería tener claridad en tres temas globales: primero, a mover el vehículo: poner primera, pisar el embrague, estacionar entre dos vehículos, etc. Un segundo aspecto tiene que ver con cierto grado básico de mecánica: cambiar un neumático, fijarse si el nivel de aceite es el correcto, ponerle agua al radiador, etc. El tercero es aprender el reglamento del tránsito: quien tiene preferencia si no hay un semáforo, que significan esos letreros amarillos con negro tan simpáticos que hay en algunas calles, señalizar antes de virar, etc. Estarán de acuerdo conmigo que estos tres factores deben existir para una conducción responsable, eficiente y segura. Una persona puede ser muy hábil moviendo su vehículo desde el punto A al B, pero pésimo respetando las leyes del tránsito; o al revés. Lo importante es que cualquier conductor debe tener un nivel mínimo de conocimientos en estas tres áreas para no ser un peligro para el resto.

¿Qué pasa con los ciclistas? La mayoría de las personas aprenden a andar en bicicleta cuando niños, pero este aprendizaje se limita a la capacidad de moverse sobre dos ruedas sin perder el equilibrio. Muy pocas veces implica un aprendizaje de la mecánica asociada y mucho menos de las reglas del tránsito. Ya que no son vehículos motorizados y dejando de lado las ahora menos populares bicicletas con motor, que considero tema aparte, pareciera que a nadie le importa decirle a los niños que están sujetos a las mismas reglas que el resto. Los años pasan, y ese vacío queda para siempre porque en realidad nadie se preocupa de llenarlo. Ningún buen samaritano le enseña a ese ex niño-ahora adulto que ponerse un casco y luces no es lo único que debe preocuparle al salir a la calle, y que no es un peatón con ruedas.

Peaton furioso
Así funcionan las calles: todos contra todos. El nuevo problema del transporte urbano son los ciclistas agresivos.

Seamos honestos, en Chile nunca habrá tantas ciclovías como nos gustaría, porque ni siquiera en los países desarrollados es así. Eso significa que al menos una parte de los trayectos de los ciclistas será en calles, avenidas y veredas y no en rutas habilitadas especialmente para ellos. En un mundo ideal existiría alguna clase de “Escuela de Ciclistas”, donde les enseñen no solo a no caerse, sino también a cambiar un neumático pinchado, ajustar los cambios, y no pasarse las leyes del tránsito por donde nunca alumbra el sol. En un mundo ideal, repito.

Pero como no vivimos en tan utópico lugar, propongo la creación de la Asociación de Peatones Furiosos, de la que puedo ser Director (y Tesorero). Ya que hay clubes de automovilistas, ciclistas, motoqueros, camioneros y de cualquier cosa con ruedas, ¿por qué los que andamos a pie no podemos organizarnos y pelear por nuestros derechos? Cuando digo “pelear por nuestros derechos” no me refiero a escribir cartas a los diarios (que nadie leerá), al congreso (que nadie leerá tampoco) o convocar marchas frente a La Moneda (a las que no irá casi nadie). Me refiero a portar un bate y partirle la cara a cualquier payaso que considere que porque se mueve sobre ruedas tiene más derechos que uno. Simple, rápido y efectivo. Ya era suficiente con soportar a los micreros haciendo carreras y a los automovilistas saturando las calles, ¿Tenemos que aguantar también a estos simios sobre dos ruedas? Ni hablar.

¿Un automovilista que toca la bocina? ¿Un micrero que deja el bus oruga en mitad del cruce cuando tiene luz roja? ¿Un ciclista que se mueve a toda velocidad por la vereda poniendo en riesgo a los peatones? Todo se soluciona con una adecuada dosis de violencia, no digan que no les avisé.

¿Existe algo peor que un ciclista que cree que la calle es suya? Pues sí: miles de ellos, que para “incentivar el uso de la bicicleta”, se dedican a andar en grupos gigantescos, provocando congestión a todo el resto de las personas que tuvieron la mala fortuna de transitar en el mismo lugar a la misma hora.

Peatones Furiosos
Mis habilidades en Paint quedan en evidencia al apreciar el creativo logo de los Peatones Furiosos.

Nota: Con esta democrática iniciativa no quiero quitarle responsabilidad a los peatones que andan distraídos por la vida, caminando sin mirar y cruzando donde no se debe (muchos). Tampoco quiero afirmar que todos los ciclistas urbanos son unos energúmenos con complejo de Atila (sólo la inmensa mayoría).