Children of Bodom en Chile

Debo estar envejeciendo. No hay otra explicación. En septiembre de 2009, escribí esto sobre el recital de Children of Bodom en el teatro Teletón:

Después del concierto de Children of Bodom de anoche en el Teatro Teletón, no puedo sino confirmar a los finlandeses como una de mis cinco bandas imprescindibles (junto a Metallica, Motorhead, Venom y Volbeat)

Digo que debo estar envejeciendo porque de verdad este fue el concierto más desabrido al que haya ido en mi vida (peor que el de Fear Factory, y eso es mucho decir). Pensando en qué escucho ahora en comparación a lo que me gustaba hace un par de años, hay diferencias importantes y por eso mi impresión es que este recital fue tan bueno como un asado vegano puede ser sabroso.

Poquísima gente, tan poca que parecía una banda de estiércol como Los Búnkers tocando en algún gimnasio o multicancha de la Novena Región. Que llegara tan poca gente solo me hace pensar que la banda está en el camino a la decadencia máxima. O sea, todos sabemos que son una banda metalera taquillera y que trata de tener una pose de maldad y ser comercial al mismo tiempo y está bien, hay que vender, pero debe haber una buena razón para que el público chileno, que se caracteriza por su fidelidad extrema, incluso al punto de ser tan rastrero como para comprar las entradas en cuotas, no haya llegado en masa. No vendieron ni la mitad de las entradas, y eso, incluso en un espacio tan pequeño como el Caupolicán, se nota y bastante.

Con tantos cabros chicos dando vueltas por ahí parecía un show de colegio, con pits que nunca prendieron, y los pocos intentos de ponerle un poco de energía al asunto se quedaron en las ganas. Eso pasa en parte porque los cabros chicos no saben qué se debe o no debe hacer en un mosh (da una mezcla de risa y lástima verlos, y a ratos ganas de agarrarlos a patadas para que aprendan), y porque con los cuatro pelagatos que había tampoco daba para más.

En un momento escuché a alguien decirle a su amigo “Está la media cagá, conchesumadre, la media cagá!” con una voz de emoción máxima. Debía tener quince años y ser su primer recital, porque yo miraba para todos lados y no vi en ningún momento nada digno de mención. Un concierto de metal que terminó como un verdadero paseo por el parque, y quien diga lo contrario con toda seguridad todavía cree en el viejo pascuero, pinta con lápices de cera y juega con plasticina.

En términos musicales, no tocaron nada distinto al mismo setlist que vinieron repitiendo en toda la gira, tampoco tenían nada nuevo que mostrar y ni siquiera pasaron por todos sus “clásicos”. Muy discreto en ese aspecto. El bajo se perdía a ratos, la segunda guitarra saturaba, al menos la batería y el teclado sonaban más o menos bien. Alexi Laiho nunca ha tenido una gran voz, y sus dotes como frontman están a la baja, pero alcanza para aprobar, sobre todo por su destreza con la guitarra.

Un show por cumplir, con un público callampa. En fin, ni siquiera saqué una foto, aunque estoy seguro que alguno de las decenas de imbéciles que estaban con sus celulares grabando puede aportar con alguna.