Viaje a Brasil: Bajando del avión

Mi primera comida en Brasil fue una hamburguesa con papas fritas. La coca cola tenía un gusto tan horrible que si la vendieran en Chile la gente saldría de sus casas a quemar los supermercados, simplemente  es demasiado asquerosa. Las papas tienen el mismo sabor que en todos lados, y la hamburguesa tenía bastante carne, pero de calidad regular solamente. Todo por 21 reales. Algo así como 6 lucas. Un maldito robo.

En los aeropuertos hay todavía gente que circula con mascarillas. Como el vuelo fue con  combinación, tuve que escuchar unas 35 mil veces los  avisos paraonicos  recordándome que si me duele la cabeza, tengo fiebre, dolor muscular, diarrea, sueño o  hambre, debo dar aviso inmediato a las autoridades competentes. Malditos alarmistas.

Hamburguesa Brasil
Una hamburguesa tan mala como las chilenas. Pero el doble de cara.

Y la humedad en el aire. Maldita humedad. Apenas deja respirar. Antes creía que los futbolistas eran unos maricas que lloraban porque la humedad del clima tropical los reventaba. Sigo pensando lo mismo, porque a ellos se les paga para aguantar ese tipo de cosas, aunque para las personas normales, es un poco incómodo.

Al llegar al hotel y desempacar, me di cuenta de que andaba con mi navaja Victorinox en el banano, sin que me dijeran nada en ninguna de las revisiones con el detector de metales. Considérenlo un tip pro-terrorismo.

Tengo sueño. Al final no dormí en el primer tramo (aunque vi Gran Torino como compensación), y cerré los ojos unos minutos en el segundo.Escribo esto desde el vestíbulo del hotel, que no está nada de mal.