Resoluciones de año nuevo

2015 fue un año muy pesado. Pudo ser peor (las cosas siempre pueden serlo), pero en términos relativos fue uno de los más complicados de mi vida. Agotador en muchos aspectos, sobre todo por el primer año de vida de mi hija, que me hizo la vida a cuadritos. Por falta de tiempo y energía dejé de hacer ejercicio (así que subí 20 kilos), dejé de escribir (no sólo en el blog, también mis relatos/novelas/cuentos), dejé de salir con mis amigos y amigas (muchos se resintieron por eso y en algunos casos incluso me dijeron que ya no me consideraban como tal)…

Se siente rara esta vida en familia. Rara en comparación a, digamos, 2013, en que trabajaba cuando se me antojaba, ganaba más plata que ahora, no tenía horarios en lo absoluto y siempre tenía tiempo para ver a mis amigos. Tiene muchas cosas buenas, no quiero decir lo contrario, pero me siento atado a una cierta rutina de vida que no es la que más me acomoda.

Por ejemplo, siempre he tenido la tendencia a trabajar de noche, cuando no hace demasiado calor, no hay gente interrumpiendo y no hay ruido exterior (que es lejos lo que más me desconcentra). Mi mujer me reclama porque se acuesta sola y me pide que le dé un horario de los días en que voy a quedarme despierto hasta tarde, así ella puede dormirse sin esperarme. La verdad, es que trato de hacerlo, pero raras veces me resulta, porque trabajo cuando y como me apetece, no cuando el horario lo indica. Me cuesta decirle “no sé cuando voy a trabajar hasta tarde, porque lo decido en el momento según mi estado de ánimo”.

A veces voy al departamento de mi hermano en a noche a trabajar, pero casi nunca nos dedicamos a trabajar (entendiendo por “trabajar” pegarle al teclado), sino que conversamos sobre lo que hemos leído, sobre los procesos que estamos llevando a cabo, sobre como ganar dinero en internet. A veces salimos a caminar de noche por una o dos horas y diseccionamos hasta el extremo cada detalle, cada mensaje de error, cada posibilidad de entender como funcionan algunas cosas. En esos ratos lo que más hacemos es pensar. Nos reunimos cuando nos apetece, sin acordarlo más que unos minutos antes. Cuando no hay nada de qué hablar o tenemos otras cosas que hacer o no tenemos ganas, no nos vemos y ya. ¿Como podría planificar entonces esas visitas para que queden registradas en la agenda familiar? Cuesta un poco. O harto. Depende del día o de mi estado anímico. Pero si me quedó despierto hasta las 7 de la mañana, pueden adivinar quien NO se levanta a las 9 cuando la primogénita despierta.

En fin. No voy a disculparme por pasar más de un año sin escribir en mi blog. Tengo pensado darle una oportunidad más. Si consigo retomarlo seguiré, y si no, creo que es mejor cerrarlo para siempre.

Volví al ejercicio y llevo perdidos 8 de los 20 kilos que subí. Algo es algo.

Estuve trabajando en una agencia y renuncié porque me aburrí, y si hay alguien que no va a bancarse un trabajo que no le gusta soy yo. (En los últimos años lo he hecho varias veces, sin ningún asco). Estoy volviendo a lo que sé hacer y explorando nuevas posibilidades de negocios en internet. Ideas tengo muchas, por suerte.

Mi única resolución de año nuevo, si es que se  puede llamar como tal, es volver a juntarme con mis amigos, a tener tiempo para un café o una cerveza y que eso no signifique tener que coordinar mil cosas diferentes para al final disponer de una miserable hora que no alcanza para gran cosa. De todas las cosas que tenía mi vida de soltero es la que más extraño y aquella que mejores posibilidades tengo de recuperar en mi actual vida de casado.

Las otras cosas… bueno, veremos qué pasa con ellas.

Spiral out, keep going.