Deberías estar muerto (probablemente)

Puede que sea idea mía: cada vez hay más niños que sufren de alergias alimentarias. Una manera de comprobarlo sería buscar las estadísticas al respecto, pero la vida es corta. ¿No tienen la misma impresión al menos? ¿Que algo que antes era increíblemente raro, ahora parece ocurrir bastante más?

Ignoro por completo los motivos por los que -al parecer- ha aumentado la prevalencia de alergias alimentarias. No sé si son los pesticidas, los conservantes, el agujero de la capa de ozono, el calentamiento global, o la stevia en los cereales, el asunto es que hay más niños que sufren de esta enfermedad.

Esos niños deberían estar muertos

No me malentiendan. No digo que yo quiera que esos niños se mueran. Digo que deberían estar muertos. Deberían desde el punto de vista evolutivo. En la época de las cavernas un niño que no podía comer los mismos alimentos que los demás probablemente no hubiese llegado a la pubertad, mucho menos dejado descendencia. Sus genes se habrían perdido, sin pasar a la siguiente generación.

Si estos niños hoy pueden vivir, es gracias al progreso científico en general, médico y nutricional en particular, tanto para diagnosticar la enfermedad, como para ofrecer alternativas de alimentos. Por supuesto, esto implica una carga económica adicional y muchas preocupaciones para los padres, pero esto sigue siendo mucho mejor que la alternativa, que es la muerte. Incluso aunque solo puedan comer una cantidad muy limitada de alimentos o requieran algún suplemento nutricional extremadamente costoso, pueden seguir viviendo.

Yo debería estar muerto

Al nacer sufrí de incompatibilidad sanguínea (o algo parecido, debería preguntarle a mi madre sobre qué era exactamente). Lo que sé es que tuvieron que hacerme una transfusión de sangre completa. Básicamente me vaciaron de sangre y me rellenaron varias veces. Sin esa intervención no hubiese sobrevivido (creo).

Bonus Track: Nací en 1984. Ese año se registró en Chile el primer caso de VIH. Aunque la probabilidad era bajísima, podría haberme infectado de VIH (y la capacidad de detección era terriblemente baja en comparación a los métodos de detección actuales). Tuve que hacerme un test PCR (una forma rudimentaria de test de Elisa) cuando era pequeño.

A a los cinco años sufrí neumonía. Estuvo hospitalizado por varios días (en una clínica decente). Quizás de esta enfermedad podría haber sobrevivido (mortalidad de 15%) aunque los datos indican que su hubiese ocurrido 20 años antes las probabilidades de morir por neumonía a esa edad superaban 80%, y 50 años antes superaban 90%. Hoy en día, la tasa de morbilidad de la neumonía varía entre 1% y 30% en función de la gravedad, edad, atención médica, enfermedades subyacentes, entre otros factores.

A los diez años me fracturé la muñeca. (Más bien, mi hermana me fracturó la muñeca, pero esa es otra historia). No fue una fractura grave, y sin atención médica de todos modos hubiese sobrevivido. La recuperación hubiese sido mucho más larga y dolorosa, y probablemente hubiese terminado con algún tipo de secuela.

A los 27 años me operaron de apendicitis. Aunque esa dolencia es una enfermedad fácilmente tratable, no lo fue siempre. La apendicitis fue definida como enfermedad en 1886, y hasta la década del 50 seguía siendo relativamente difícil de diagnosticar y con un postoperatorio prolongado. En muchos casos como el mío, en que no experimenté dolor agudo, sino una molestia que duró varios días, lo normal es que las personas se aguantaran hasta terminar con peritonitis y septicemia.

Gracias, ciencia

Estos son solo ejemplos personales de situaciones que -esencialmente- me hubiesen, impedido seguir viviendo. Sin contar las plagas, hambrunas, guerras, duelos a muerte o esclavitud, morir era bastante mas fácil de lo que es ahora (sí, esta es la mejor época para estar vivo aunque cueste creerlo a veces), y por eso la esperanza de vida está en alrededor de 85 años, y no de 20 (prehistoria) o 28 (edad media).

De más está decir que todo este progreso se deben exclusivamente a la ciencia y a los hombres y mujeres que han trabajado, muchas veces sin ningún reconocimiento moral o económico, para expandir el conocimiento humano. No gracias a la religión, claro está, ni a los rezos, ni los chamanes ni ninguna de esas cosas que siguen creyendo con tanto afán, a pesar de su educación universitaria y contar –literalmente al alcance de su mano- con acceso sin límites a la mayor parte de ese conocimiento.

Es un ejercicio interesante mirar nuestras vidas y las de nuestros cercanos, y pensar en la enorme cantidad de problemas que hoy tienen solución, y que en otra época nos hubiesen tirado al cajón. De haber nacido en el 1500 ¿seguirías vivo?

Puede ser un poco ridículo agradecer porque no estoy muerto (y tú tampoco) y podemos disfrutar de un progreso material y moral extraordinario en comparación a nuestros padres y abuelos, porque aunque todavía existen guerras, hambre, destrucción de la selva, obsolescencia programada, la teletón, caries dentales y muchas cosas terribles, en realidad no estamos tan mal como pensamos.