Censo Twitter

Hace un par de meses una agencia comunicacional lanzó el Censo Twitter, una serie de preguntas que, imagino, trataban de dar alguna clase de idea de quienes usan Twitter en Chile, y de que forma lo hacen. Para eso tiraron algunas preguntas al azar en una brainstorm, y voilá, investigación social de primera línea. Todo con el incentivo de regalar una tablet a los usuarios que consiguieran darle mas bombo al concurso.

No voy a mencionar que la aplicación que se conectaba a Twitter tenía un par de errores que permitan a un usuario contestar más de una vez la encuesta, o  que el sistema de puntos (para ganar el premio) era bastante vulnerable al retuiteo masivo mediante bots, o a que el formulario no funcionaba en Opera. Solo diré que usé una cuenta de prueba para ver de qué se trataba la encuesta y me olvidé del tema.

Publicaron los resultados y, como era de esperar cuando hay imbéciles que no tienen idea de metodología de la investigación en su vida, los errores muestrales son evidentes, las conclusiones no tienen ninguna relación con los datos, las preguntas abiertas o cerradas no tienen consistencia y al final lo único que de verdad consiguieron fue un montón de información basura como “21% de los usuarios mira Twitter cuando está aburrido” o “5% de los usuarios twittea con la mano izquierda”.

En términos globales, consiguieron apenas que 5000 personas completaran la encuesta, y para ciertas preguntas la cantidad de respuestas es de 1700 (porque los genios no hicieron que todas las respuestas fueran obligatorias, y por ley del menor esfuerzo si puedo no hacer algo no lo hago). Tomando en consideración el tamaño de las empresas que participan, 5000 encuestados es un FRACASO.

Hasta ahora no hay nada demasiado relevante que comentar. Algunos medios, sobre todo los que se están pasando al formato de Semanario de lo Insólito, publicando toda la basura que les llega, incluyendo “los diez videos más vistos en YouTube desde Nueva Guinea”, escribieron un par de notas muy ligeras donde se limitaron a soltar algunos de los irrelevantes datos que salieron del estudio, sin mayor análisis ni crítica porque para eso hay que encender una neurona y no hay tiempo, plata ni ganas.

Que hay de interesante en el estudio

En la introducción de la investigación queda reflejado el fracaso de la iniciativa, porque con tan pocos participantes es difícil hacerse una idea realista de quien usa Twitter en Chile. Además ¿no les parece que hay algo raro?

(…) queremos identificar, a través del Censo, quiénes  lo utilizan, cómo y para qué, con el propósito de que vean que con este nuevo poder que  se les ha entregado vienen acompañadas nuevas responsabilidades.

Esperen. ¿Quien tiene el propósito de enseñarme responsabilidades? ¿Quien tiene la arrogancia de sugerir que tiene que enseñarme cuales son mis “deberes cívicos” en Twitter? Sin contar que dicha idea es ya de por sí algo absurda, me parece extraño que un estudio callampero, que tuvo una convocatoria casi nula y cuya metodología y datos habría que tirar a la taza del baño y tirar la cadena, se otorgue el derecho de pontificar sobre la responsabilidad.

Este es el listado de empresas relacionadas con el Censo Twitter: IABChile, VTR, Ripley, BancoEstado, Terra, Betazeta, La Tercera, Metro de Santiago e Intelligenx. Cuando nos preguntemos quien está de acuerdo con este estudio, su metodología y conclusiones, quien puso plata, le dio publicidad, lo implementó, quien se queda con las bases de datos de los datos personales de los participantes, etc.etc. son estas empresas.

Censo Twitter

Miré el resto del informe, pasé de una a otra hoja sin leer casi nada y me detuve en las conclusiones. Las tuve que leer dos veces, porque me pareció haber entendido mal. Cito y comento. Los destacados en negrita son míos.

Hoy en día es paradójico constatar que en twitter se producen situaciones donde se denosta a marcas y autoridades de toda especie, además de a una importante cantidad de usuarios, y estas acciones son aceptadas y/o toleradas, mientras que en la vida cotidiana éstas son mal vistas y sancionadas.

Primero, no veo la paradoja. Quizás la palabra que buscaban era “contradictorio”. En fin, ¿es mal visto hablar mal de las empresas y sus marcas, de las autoridades civiles o militares, o de personajes famosos? Quizás vivo en un país distinto al de la persona que redactó ese párrafo, pero no, ese tipo de comportamiento no es mal visto. De hecho expresiones como “Estos conchas de sus madres de [VTR/ el metro / La Tercera / BancoEstado / Ripley / los ministros /etc.] me tienen hasta las huevas” tienen ribetes de absoluta normalidad, cotidianidad y camaradería. Así pues, refuto por falsa esta primera conclusión.

Esta disparidad de criterios no ocurriría si los internautas fuesen más responsables a la hora de emitir juicios en las redes sociales; creemos, sin embargo, que lentamente los usuarios irán moderándose fruto de una creciente cultura comunicacional, tendiéndose a la anhelada autorregulación.

¿Más responsables? ¿Autorregulación? ¿Cultura comunicacional? Aquí hay algo sospechoso. ¿Quien o quienes anhelan tanto esa autorregulación, que en el periodismo entendemos como “Censura Previa”? Mejor no decir ciertas cosas, así nadie se molesta. Solo si entendemos “responsabilidad” como “subyugación completa a los imbéciles de las empresas y el gobierno” podríamos concebir que sea necesaria más cultura comunicacional. Quejarse de los internautas por “irresponsables” tiene el mismo aire patético de las disqueras que llaman a los usuarios “ladrones” por bajar discos sin pagar. “La culpa es de ellos, de las personas, que hacen lo que no deben. Si no fueran así, las cosas serían mejores para nosotros y nuestras empresas”.

Aun así, hoy en día todavía no están dadas las condiciones para dejar a los cibernautas una “libre disposición” de sus palabras, ya que lamentablemente hemos sido testigos, últimamente, de cómo el daño ocasionado a una empresa o persona puede ser virtualmente irreversible cuando no existe ningún mecanismo de contención a los abusos que se cometen, amparados en la libertad de expresión.

Aquí el fascismo es declarado y evidente. Decir que las personas no pueden usar de manera libre el lenguaje porque no se someten a lo que este montón de imbéciles con magister considera correcto, implica que las personas no pueden pensar lo que quieran. La libertad de expresión es la forma concreta de la libertad de pensamiento, si no puedes decirlo no puedes pensarlo. Dejemos de pensar cosas malas del resto, así no las decimos y bueno, su reputación no sufre.

Abordo con sorna la idea de “daño irreversible” a las empresas. Si tomo un bidón de parafina e incendio una empresa, quizás podría considerarlo un daño bastante grave. Pero si me quejo a viva voz que la empresa, persona o institución X es una mierda y que deberían irse al carajo, ¿de qué daño irreversible me están hablando? No vaya yo, usuario de malas intenciones y cuasi revolucionario a decir en Twitter que “Movistar tiene una pésima atención a clientes y su sitio web funciona muy mal”, como se me ocurre, porque le puedo causar un daño a la empresa, entonces mejor me callo, me escondo, la sufro y me quejo para adentro, así los putos dueños pueden seguir metiéndome el pico en la boca, porque reclamar es malo y…

Alto, payasos. Tienen miedo de la opinión pública y tratan de decirle a la gente que se calle porque de lo contrario ustedes podrían perder plata. O más bien, ganar menos millones por segundo. Tienen derecho a pedirlo, pero les digo con alegría y convicción que pueden irse en un tren con boleto de ida de vuelta a la puta madre que los parió

Es por ello que para esta etapa de transición, donde la cultura comunicacional crece día a día, se necesita conducir a los usuarios a un mejor manejo en el medio, con mayor responsabilidad, sin transgredir en el proceso uno de los valores fundamentales que se identifica en las redes sociales: La libertad de expresión. Cabe recordar que este problema no es nuevo: en otros países se ha dirimido estableciéndose figuras punitivas nuevas que se acomodan artificialmente a la vida virtual, o sencillamente, censurando contenidos que vayan en contra de determinados intereses.

“Se necesita conducir a los usuarios a un mejor manejo en el medio”: ¿Quien necesita conducir los usuarios? ¿Quien determina qué es un “mejor manejo”? Dejo planteadas esas preguntas porque no quiero pensar que estos tipos son amigos de la DINA, la CNI o la ANI. Sobre la idea “en otros países se han creado figuras punitivas que censuran”, me parece que podrían haber señalado de manera clara qué países crearon qué leyes. Porque Irán, Corea del Norte, Cuba o China no son, a mi juicio, en ningún caso ejemplos a seguir. Pensemos, en cambio, en Suecia, Noruega o Finlandia, y que leyes crearon para “conducir a los usuarios”. ¿Ninguna? Ya me lo parecía.

Nosotros creemos que aquel camino no es el apropiado, pues restringe la libertad de expresión que legítimamente se presenta en las redes sociales como en ningún otro lado. A nuestro juicio, el ordenamiento jurídico ya contempla figuras penales que pueden ser plenamente replicadas en las plataformas virtuales, sin llegar a ser invasivas por un lado, ni insuficientes, por otro. Es cuestión de que exista voluntad en la sociedad para poder extender su ámbito de aplicación a las plataformas virtuales.

¿Voluntad para detener a alguien por decir algo en Twitter? ¿Están locos? ¿Bajo qué cargo? ¿Injurias? Como parte de la sociedad declaro mi voluntad de preocuparme de cosas mucho más importantes. Por ejemplo los desastres ecológicos generados por empresas, la escandalosa distribución de la riqueza o la represión de carabineros en las marchas.

De esta manera, los usuarios que hagan mal uso de las redes sociales podrían verse enfrentados a sanciones de larga aceptación por parte de la comunidad, como son el delito de Amenaza e Injuria. No hay que olvidar que las redes sociales son, además de un punto de encuentro, un espacio público homologable a cualquier otro. Sostenemos, finalmente, que más allá de que se produzca una merma considerable en la cantidad de usuarios que utilicen las plataformas virtuales como Twitter, o que el desarrollo de ésta disminuya tu velocidad de crecimiento, se generará un incremento en la calidad del contenido mismo que se transmite en las redes, como a su vez, el perfil mismo del usuario sufrirá una evolución positiva, lo que contribuye al mejoramiento de las plataformas en su conjunto y a la sociedad en que vivimos.

No pido ni quiero, sino que exijo el estudio que indique que la figura de la injuria tiene larga aceptación por parte de la comunidad. Muy por el contrario, es una de las mayores trabas al desarrollo sano y necesario de la libre expresión es una democracia tan imperfecta como la chilena.

 Estos pelmazos se meten en problemas que no pueden resolver. Pongamos el ejemplo de un usuario de Twitter con un solo seguidor que dice “Los planes de Internet de VTR son una estafa, lean la letra chica”. Vamos a suponer que ese usuario causó un daño irreversible a la empresa y lo llevamos detenido  bajo un cargo nuevo: “Mal uso de las redes sociales”. ¿Sólo a mí me parece ridículo? O, que pasa si diez mil personas al mismo tiempo usan el hashtag #Ripleymecago o #laterceramiente ¿La PDI va a procesarlas a todas al mismo tiempo?

De algún modo, a estos pelafustanes no solo les parece necesario que los pacos, ratis, fiscales y jueces dediquen su tiempo a perseguir supuestos delitos de esta naturaleza, sino consideran bueno que menos gente use redes sociales, porque así hay menos tipos que vigilar. Algo que el gobierno ya está haciendo, con un éxito muy discreto, pero al menos lo intenta.

Mi conclusión es las empresas saben que tendrán que gastar mucho más en pagarle a los lacayos de las agencias de comunicaciones , y tratan de ahorrarse las lucas tratando de provocar miedo en la población. No me extrañaría que a partir de este momento algún político de cuarta saque del bolsillo un proyecto de ley para “regular el uso de la redes sociales”. Algo que, está demostrado, es casi impracticable.

Escrito por Boolture

Un Comentario en “Censo Twitter

  1. Martina Fuentes Responder

    Febrero 17, 2012 at 3:53

    Ya como que el autor se toma súper personal los comentarios del censo.
    Yo vi el PDF y no es tampoco para tanta crítica. Eso.

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