Egoísmo y altruísmo

Siempre supe que eras un hijo de puta, pero esperaba que conmigo no lo fueras. Lo único que te pedí era que me dijeras la verdad.

Sentí que me quemaba con la mirada. Hablamos un rato. Le dije lo que tenía que decir, y ella se limitó a escuchar y negar con la cabeza. Dijo algunas cosas que me hicieron sentir como un gusano y otras que me hicieron sentir un poco peor que eso. Se despidió y entró a su edificio sin mirar atrás.

Ahí estaba yo, a la una de la madrugada, después de ir a un concierto (que cancelaron después de casi tres horas de espera) y después de que alguien que me importa me dijera “no quiero volverte a ver”. La historia es cíclica, dicen.

Caminar es un buen ejercicio reflexivo, sobre todo cuando pasan pocas micros y no tienes ganas de gastar plata en un taxi. Caminé sin escuchar música porque justo después de salir del recital-que-no-fue, descubrí que mis audífonos habían decidido estropearse. Caminé y caminé.

Entré a un minimarket que estaba abierto en Vicuña Mackenna, cerca de Parque Bustamente. Saqué una bebida y me acerqué a la caja. Vi que al tipo que estaba pagando en ese momento se le caían algunos billetes al sacar algo del bolsillo. No moví un músculo. El tipo se fue. Delante mío había otra persona, que no vio el dinero en el suelo porque estaba concentrado en su teléfono. Al final, cuando ambos ya habían salido, me agaché y recogí los billetes. Lo puse sobre el mesón mientras sacaba dinero de mi billetera para pagar. La cajera vio lo que hice, pero se quedó en silencio. ¿Qué iba a decirme? “Deje acá el dinero por si a quien se le cayó vuelve a preguntar?”. Sí, claro.

Recibí el vuelto, tomé lo que había comprado, metí el dinero encontrado en el bolsillo y me fui. Bueno, soy un hijo de puta, ¿no? era obvio que me iba a quedar con el dinero. ¿Avisarle al incauto que se le había caído? ¿Para qué? Además, solo eran tres lucas.

Caminé y caminé, pensando. Al pasar por el barrio Lastarria, vi un par de tipos conversando en una esquina. Vi de reojo que uno de ellos se acercó a mí con paso apurado.

– Hola, disculpa…- me dijo -No sabía si hablarte…

“Cagué”, pensé. Un machetero más (el tercero de la noche). De todos modos, me detuve en vez de hacer el típico gesto de negación cuando no queremos darle plata a alguien que pide en la calle.

Me dijo que se llama Rodrigo, que es artesano y que trabaja en Lastarria, Bellavista y Manuel Montt. Duerme en el Hogar de Cristo porque “es una larga historia ¿sabes? ya no podía pagar el arriendo y bueno…”. Ahí solo permiten entrar hasta las doce de la noche. Los pacos lo detuvieron por tomarse una cerveza en la calle y lo pasearon en la patrulla durante un buen rato, hasta que lo soltaron sin pasar por la comisaría. “No tengo donde pasar la noche, y tengo hambre. Puedes pensar lo que quieras, con todo el derecho, pero…  Mira, la gente de acá me conoce, pero ya está todo cerrado. Lo único que puedo hacer es ir a una residencial de peruanos que conozco, cerca de Plaza Italia. Ahí te reciben con un plato de comida, el problema es que cuesta cuatro lucas ¿Me viste hablar con un caballero ahí en la esquina, verdad? Me dio $1.700. De verdad, si tú pudieras ayudarme con algo, lo que sea… solo quiero comer algo y dormir en una cama…”

Hice un gesto para que se callara.

¿Puedo contarte mi triste historia también? He tenido una mala noche. No es tan terrible porque no me han asaltado ni me quebré una pierna, pero ha sido mala de todos modos porque… bueno, porque a veces me porto como un imbécil con las personas que quiero. En fin, venía caminando, pasé a comprarme una bebida, y vi que a alguien se le caía plata. No le dije, me hice el huevón y me la guardé. Eran tres lucas.

Saqué los billetes del bolsillo de atrás del pantalón. Me encogí de hombros y se los pasé.

– Toma.

Rodrigo recibió el dinero y sonrió como si la vida volviera a valer la pena.

-Te pasaste, eres… una buena persona. Gracias, gracias, de verdad muchísimas gracias.

Estiré la mano. Me dio un apretón muy fuerte y efusivo.

– Espero que si nos volvemos a ver, sea en mejores circunstancias para ambos- dije.
– Nos volveremos a ver, y te voy a retribuir esto. De verdad. Gracias. Gracias, en serio que gracias.

Intercambiamos un par de palabras más y nos alejamos. Sé que he cometido el acto más idiota posible desde el punto de vista económico, pero no siento que haya perdido demasiado. Me pregunto si una buena acción borra una mala. Probablemente no, seguro que nadie lleva la cuenta.

Caminé y caminé hasta llegar a casa.

Escrito por Boolture

4 Comentarios en “Egoísmo y altruísmo

  1. Assilem Responder

    Abril 3, 2013 at 9:07

    En realidad, serías un hijo de puta si no le hubieras dado nada al artesano, ya que quedarse con las tres lucas lo habría hecho cualquier chileno, jajaj. Pero no creo que seas altruista sólo por regalar unos billetes que con suerte tuviste en el bolsillo durante 5 minutos.
    Lo mejor es que, tuya o no, la plata le sirvió igual a Rodrigo =)
    Saludos

  2. Boolture Responder

    Abril 3, 2013 at 2:46

    Hay muchos estudios de economía sobre el altruísmo, pero la mayoría solo provoca más dolores de cabeza que modelos predictivos. Nadie es “altruista”, sino que “tiene comportamientos altruistas”. Los comportamiento egoístas son más comunes porque existen incentivos para ello.
    Que 99,9% de la población chilena hubiese hecho lo mismo que yo (quedarse con la plata) no quita que sea poco ético hacerlo, me parece.

    • Assilem Responder

      Abril 3, 2013 at 4:53

      Se llama “consuelo de tontos”, pero es un bálsamo muy útil para la conciencia. No se te ocurra diluirlo, eh.

  3. Asterisca* Responder

    Abril 5, 2013 at 9:25

    Eras tú o el vendedor. Lo más “ético” era que el más pobre se quedara con la plata. ¿Quién era el más indigente/pordiosero/necesitado de los dos? Quién sabe.
    Pero el mundo es de los vivos… You won…
    Aunque, si luego el amigo artesano te cuenteó, no eres tan vivo… Si no, no importa ser vivo si eres una “buena persona”.

    Con respecto a: “Me pregunto si una buena acción borra una mala”. No. Pero todo queda anotado en la lista que te lee San Peter en las puertas del cielo. Te diré que se compensan. Así haces cosas buenas más seguido.

    Wait… Pasar toda una semana sin matar a ningún ser humano, cuenta como una buena?

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