El único derecho que nos queda

Queda menos de un mes para una nueva elección presidencial (y parlamentaria), y de vez en cuando siguen apareciendo los imbéciles -me perdonarán pero no puedo llamarlos de otra manera- que hacen un llamado a “no votar” como una forma de manifestar su descontento con la clase política. No sé si lo habrán notado, pero hay gente que va a votar sí o sí en todas las elecciones: los políticos y sus familias. Si nadie más vota, se reelegirán de forma perpetua, así que a menos que votemos para sacarlos de sus cargos, no van a irse por cuenta propia.

Les propongo el siguiente experimento: escriban en los comentarios si saben o no quienes son sus representantes en el congreso. Sin buscarlos en Google, claro. ¿Los conocen? ¿Saben quienes son? ¿Saben qué leyes han votado durante los últimos cuatro u ocho años? Me inclino a pensar que la mayoría de las personas desconoce esa información tan elemental, y tal ignorancia no puede ser atribuída a ninguna causa más que la propia desidia.

El sistema político funciona como un proceso que comienza con la elección, no termina ahí. No puedes esperar votar por el candidato A o B y que al final de su período haya resuelto todos los problemas que te afectan. La política no funciona de ese modo y nunca lo hará. Es tu deber como ciudadano mantenerte informado de qué es lo que hace -o no- el senador o diputado de tu distrito. Podemos resumirlo de un modo muy simple: Si quieres que te traten como un ciudadano, actúa como tal.

Pero aceptemos por un momento que en realidad no somos ciudadanos en el sentido estricto de la palabra. No nos interesa nada más que nuestro propio beneficio (y no el bien común) y que actuamos motivados sólo por las fuerzas del mercado. Usaríamos ese cliché manoseado hasta la saciedad: “somos consumidores, no ciudadanos”.

Falso.

A través de nuestros impuestos estamos pagando por un servicio -llamémoslo servicio legislativo– que en teoría es útil y necesario para la convivencia y el desarrollo de la nación,  pero aunque la calidad de este servicio que deja mucho que desear, no hacemos nada para cambiarlo. Somos activos en quejarnos contra una empresa porque nos cobró dos lucas de más en una cuenta -lo que alcanza para un almuerzo de cuatro personas– pero podemos pasar cuatro años pagándole a un tipo por dedicarse a calentar el asiento ¡Y no hacemos nada para sacarlo! Ningún consumidor soportaría hasta ocho años de mal servicio continuado y consideraría una pérdida de tiempo ir un día a votar para cambiarse de proveedor. Es absurdo. Eso significa que somos “menos-que-consumidores”. Cuatro años de mal servicio que se pueden remediar con un máximo de dos horas de trámite y que además podría generar un impacto positivo en el largo plazo a tu calidad de vida. A mí me suena convincente. Si no te gustan los políticos, deberías ir a votar para sacarlos, así de simple. De otro modo no se irán y seguirán siendo malos proveedores de un servicio que todos necesitamos y que debería ser eficiente y transparente.

Elecciones Chile
Si en lugar de un papel fuera nuestra tarjeta de crédito, actuaríamos de modo muy diferente.

El único derecho que nos queda

Vivimos en una sociedad obsesionada con el éxitismo económico, con generar más lucas sin importar el costo, y es porque toda nuestra capacidad de elección en todos los ámbitos de la vida está supeditada a un único factor: el dinero. No tenemos ningún derecho si no podemos pagar por él. Piensa por un momento en qué garantías te da el estado. En qué situaciones tienes algo de verdad garantizado. Si ni siquiera puedes casarte con quien quieras, ¿crees de verdad que el estado te garantiza algo?

Votar es el único derecho que nos queda. Todos los otros derechos que creen que tienen no son tales, no son derechos porque no están garantizados por nadie. Todas las opciones que tienes como persona están reducidas a un único factor: cuanto dinero tienes para proteger tus intereses.

El acceso a la salud por cierto no es un derecho garantizado: si tu nivel de ingresos te lo permite  gastas una pequeña fortuna en una isapre y cuando te duele una uña te atiendes bien en una clínica privada. Si no tienes dinero, en cambio, te jodes esperando seis horas para que te atiendan de urgencia en una posta y tres meses en lista de espera para obtener una hora con un especialista. Disculpa mi pregunta, pero ¿te parece que esa situación es la demostración empírica de un derecho garantizado?

¿Tenemos garantizado el derecho a la educación? Por supuesto que no. Después de más de diez años de marchas estudiantiles, estarán de acuerdo conmigo que la situación no ha cambiado:  que si tienes plata tus hijos irán a un buen colegio, en el que se aprenderán lo suficiente para sacar un buen puntaje en la PSU (o les pagarás un año en un preuniversitario para conseguir el mismo objetivo), y comenzarán a crear una red de contactos que le permitirá obtener un buen trabajo en el futuro. ¿No tienes dinero para un colegio privado? Tus opciones se reducen en relación directa con tus ingresos, llegando a la malograda educación municipal, en que salvo un par de colegios “emblemáticos”, es equivalente a aprender 50% menos en el mejor de los casos. Eso significa no entrar a una buena universidad y terminar estudiando una carrera cualquiera en una universidad de tercera, y lo que es peor, con una deuda de veinte millones de pesos o más. ¿Es esto igualdad de derechos? ¿Verdad que no?

¿Qué otro derecho crees que tienes? ¿Igualdad ante la ley? No sé cuanto debo argumentar para explicar que el acceso a la justicia no es igualitario. De nuevo, el factore económico hace la diferencia entre  “condenado a tomar clases de ética empresarial” y “condenado a cinco años de cárcel por ser indio”. ¿Libertad de expresión? Con el férreo control de los medios de comunicación por parte de unos pocos, la libertad de expresión es casi una utopía. Existe internet, es cierto, y al parecer en la red puedes decir lo que se te venga en gana sin que nadie te moleste. Pero ¿cual es el impacto real de los sitios web que apelan a un sentido crítico sobre el estado de las cosas? No olvidemos que los medios de comunicación en Internet están supeditados al inevitable escrutinio de los clics y las pageviews, lo que empobrece su discurso hasta transformarlo en una masa homogénea de imágenes graciosas. Si tienes un holding mediático, entonces tienes verdadera libertad de expresión, si no tienes dinero, entonces buena suerte esperando que alguien te lea o escuche.

El derecho a la propiedad, por cierto, tiene que ver solo con cuanto dinero tienes. Derecho a reunión o a la libre asociación, al parecer todavía existen, pero ¿quien se reúne o asocia para algo distinto a armar un carrete o iniciar un negocio? Cierto, agrupaciones ciudadanas surgen aquí y allá, pero proliferan como grupos autoreferentes que intentan hacer presión o lobby -dos cosas parecidas pero no iguales- apenas en un limitado campo de acción. Además, su efectividad está siempre sujeta a los recursos económicos que dispongan sus miembros.

El único derecho que queda, entonces, es el derecho a votar. Es la única, pero de verdad la única instancia en que no importa cuanto dinero tengas, tu voto vale lo mismo que el de cualquier otro. Ese momento casi mágico -que ocurre cada cierto número de años así que ¡hay que aprovechar!- en que no importa si ganas el sueldo mínimo o cien millones de dólares, tu voto puede hacer una diferencia. No es solo el voto, es el acto de votar: el acto de decir que vas a votar, de informarte, de leer, de opinar, de esperar los resultados, de observar qué es lo que hace el candidato elegido (que puede ser el tuyo o no), de esperar a la siguiente elección y premiar o castigar según lo satisfecho que estés con el resultado. Votar no es apenas meter un papel en una caja. Es más que eso.

Entonces, restarte ese único derecho porque crees que abstenerte va a causarle algún perjuicio a alguien, o que si suficiente gente no vota algo va a cambiar, te transforma en, sin ofender, un pelotudo de marca mayor. Decir “ejerzo mi derecho a no votar” es tan brillante como decidir ejercer tu derecho a no respirar. De hecho te animo a que lo hagas (dejar de respirar). Vives en un sistema, te guste o no, y ese sistema no va a cambiar porque sigas decidiendo todo en función de cuanta plata tienes en lugar de tu valor fundamental como ciudadano.

Por cierto, he escrito antes sobre lo importante que es el acto democrático de votar, algo que muchos dan por sentado cuando hasta no hace mucho tiempo ese derecho, al menos en Chile, no existía. En esta elección presidencial hay nueve candidatos. Entiendo que ninguno es perfecto, pero de verdad tiene que haber al menos uno que no esté tan en contra de tus valores y creencias. Me da lo mismo por quien vayas a votar, es tu decisión, pero al menos vota. Es el único derecho que te queda. Sin cuotas, sin interés.

Escrito por Boolture

3 Comentarios en “El único derecho que nos queda

  1. scout Responder

    Noviembre 3, 2013 at 3:26

    En “Ensayo de la lucidez”, José Saramago narra la historia de unas elecciones democráticas en las que el 100% de los votos emitidos es blanco.

    Por esas cosas de la vida, me toca ser vocal de mesa, por lo que me llegó el pinche instructivo. Ahí queda muy claro que, si no te gusta ningún candidato, lo mejor que puedes hacer es votar blanco, que es considerado válidamente emitido y manifiesta exactamente eso: no me gusta ningún candidato.

    Eso de que se suma a la mayoría es un vil mito.

    El voto nulo no se considera válidamente emitido, por lo tanto no cuenta.

    Puedes ademar escribir consignas, como la famosa “AC”, mientras no marquen ninguna opción.

    Hay muchas formas de manifestar tu opinión a través del voto, y en estas elecciones hay muchos candidatos (presidente, senador, diputado y core), lo que quiere decir que nuestro poder de influencia, al menos hipotéticamente, es mucho.

    Y si de verdad no te gusta ninguno y no estás de acuerdo con el sistema, vota blanco. Es mucho mejor que “ejercer el derecho a no votar”.

    A mí me encantaría ver qué pasaría si un día el voto blanco saca el 50% +1. Capaz que haya que cerrar el gobierno, como en EEUU. Y ahí los quiero ver.

    • zRISC Responder

      Noviembre 3, 2013 at 3:43

      Ley 18700: Votos en blanco no cuentan dentro del universo de válidamente emitidos.

      Si así fuera.. una elección con mayoría de votos blancos obligaría a repetirla… lo cual sería interesante, pero no está dentro del marco legal chileno.

      Con lo mismo.. es fácil entender por que se aprobó la constitución del ’80, además de no haber padrón electoral.

      FUENTE:
      http://www.farah.cl/votos-en-blanco.html

  2. WalalaPancho Responder

    Noviembre 3, 2013 at 7:47

    vivo en la florida, donde el intervencionismo municipal es tan descarado que hay carteles con la cara del alcalde diciendo “este es mi candidato”…para senador de la derecha vienen un candidato que defendió a karadima y otro que tiene cuenta en las islas caimán, de la izquierda un caradenalga que tras 24 años de diputado tiene de slogan “llegó la hora”, y una señora simpatica para tomar el te pero que tiene un marido turbio bien escondido… de diputados, camilita “no voy a hacer campaña con bachelet” y ahi está la foto, otro que dice “defenderé la educacion publica” y que bajo su gestión entré el año 94 a la U directo a un paro por alzas de arancel… de la derecha una que quiere sueldo mas que reguleque y uno que quiere repetirse el plato regalando bolsitas en la feria con su apellido… y aparte un montón de arroz graneado. Si no desconfiara de la gente de andha chile que no hizo ni una sola manifestación durante este gobierno tal vez votaría por la señora dirigente vecinal que candidatean ellos,

    Por otro lado quisiera creer que es en serio lo que dicen de la “nueva mayoría” de que ahora si que si quieren los cuorums calificados que necesitan para hacer las cosas que no hicieron en 20 años… pero por la chucha que cuesta creer, si total en el pasado jamás mostraron real convicción de hacer algo que no fuera “en la medida de lo que se pueda nomás” …

    entonces, que chucha hacer? decidí que aunque no es por completo de mi gusto, expresar un voto de minoría verde como siempre lo he hecho votando sfeir en primera vuelta puede marcar la intención de que me gustaría que el estado se la jugara por algo mas sustentable, para senador votar por la nueva mayoria suma para que golborne no llegue al congreso, para diputado espero que camilita defienda realmente la educación gratuita y de calidad, y para core…. pico con ellos, si total ni siquiera tienen claro cual será su pega. De todos modos, las cuatro papeletas con las letras AC bien grandes de modo que no anulen las intenciones de que en serio espero que la proxima violación sea con un poco mas de vaselina.

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