Indignados

Empecé a trabajar estando todavía en la U. Eso me ayudó a poner algunas cosas en perspectiva: cuando la U estaba en toma, y había marchas todos los días, mis compañeros (o muchos de ellos) pensaban que estaban haciendo su parte para conseguir cambios en la educación, que la gente solidarizaba con ellos y que a la larga la justicia de sus demandas debería ser suficiente para inclinar la opinión pública a su favor.

Craso error. En el trabajo, conversando con personas que estaban fuera del círculo universitario, descubrí que la gente no le importaba en lo más mínimo que se hubiesen tomado cinco facultades, casi no hablaban de eso y el comentario más frecuente era “deberían dedicarse a estudiar en vez de tirar piedras”.

Indignados
¿Acaso no tienen trabajo? ¡No!

Ahora hay algunos pequeños atisbos mundiales de rebelión. Digo pequeños porque aunque los indignados aparecen en muchas ciudades y países, todavía no existe ningún cambio perceptible en la distribución global de la riqueza. Como mucho, las fábricas de gas lacrimógeno han subido sus ventas, estimuladas por la necesidad de represión de los gobiernos.

Pero ¿hay otra posibilidad aparte de protestar? Si los estudiantes se callaran y volvieran a clases, tal como pide mucha gente ¿qué ganarían? una deuda millonaria, ninguna certeza laboral y precariedad en un sistema que sabemos que está mal distribuido pero poco podemos hacer para modificarlo.

¿Es que acaso no tienen algo mejor que hacer que protestar? ¿No tienen que estudiar, no tienen que trabajar? No. Porque hacerlo perpetuará el estado de las cosas, y cuando la economía vuelva a colapsar por culpa de unos pocos cerdos codiciosos (y lo hará sin duda), no importa cuanto hayamos estudiado o trabajado, vamos a irnos al carajo de todos modos.

Escrito por Boolture

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