Juan Carlos Bodoque: Historias Prohibidas

Hace varios años, cuando estaba en la U y pasaba parte de mi tiempo jugando cacho en el casino y fumando Camel sin filtro, tenía un llavero de Juan Carlos Bodoque, el conejo rojo de 31 minutos. Alguien (no recuerdo quien) tenía un llavero de coneja y como la imaginación universitaria no alcanza para nada más que molotovs, cervezas, marihuana, cigarrillos y pecaminoso fornicio, sacamos algunas fotos a los llaveros. Subí las fotos a un fotolog y escribí una historia incoherente.

Encontré hace pocos días ese fotolog, buscando algo muy distinto, y decidí corregir un poco (bien poco) el desmadre argumental.

Juan-Carlos-Bodoque

Hola. Soy Juan Carlos Bodoque y este es mi fotolog rojo. Partamos por el principio. Me encontraba en el campus Juan Gómez Millas de la Universidad de Chile, bebiendo cerveza barata y ron Silver…

Juan Carlos Bodoque Leyendo

… leyendo material marxista leninista (como corresponde a todo estudiante que se precie de tal) mientras el resto miraba el WC desde muy cerca cuando…

Conejita sexy

… mis ojos se toparon con algo increíble. La miré de arriba abajo, de cabeza a rabo, sin poder creer lo que veía. En ese momento y envalentonado por el alcohol, le metí conversa para invitarla un café y, quizás, algo más.

Por favor, retiren a los niños de la pantalla. Lo que verán a continuación no es apto para todo espectador. Para simplificar la historia: Engatusé a la coneja.  No necesité un café. Ni un helado. Me bastó saludarla y presentarme. Era una de mis tantas fans. Se arrojó sobre mí, aullando como sólo las conejas-llavero pueden hacerlo, pidiendo un autógrafo, un beso y diciendo “te daría un hijo”. Ahí comenzó todo. En el casino de Periodismo de la U. de Chile, delante de todos mis amigos que después vomitar habían ido a comprar más alcohol.

No recuerdo bien lo que pasó, todo fue muy rápido y ninguno de los dos usaba mucha ropa. En mi oídos de conejo aún resuenan sus aullidos demenciales de placer. Gritaba más que un hipopótamo cagando cactus. Pero pronto sería aún mejor (o peor).

Conejos calientes apareandose

Niños, no intenten esto en casa. Les queda la boca llena de pelos. Y pegajosa.

Sé que esperan ansiosos la culminación de esta historia. Aprovechando eso, mi departamento de marketing ha escogido el mejor momento para insertar publicidad.

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Productos 31 minutos

Compren todo lo que tenga mi imagen. Quiero comprarme un auto como el del Tulio.

Volvemos de comerciales

– Vamos Bodoquito! -dijo ella, en un momento de lucidez. Que no fueron muchos. Ni muy lúcidos.
– Pero Conejita, no traigo protección- contesté (preocupado por no caer en el error de mis padres, que tuvieron tantos conejos como para arrasar la producción completa de zanahorias de Nueva Zelanda. Pero eran hippies y creían en el amor libre.)
– ¿Necesitas un chaleco antibalas para romperme el asterisco? – Replicó, levantando aún más sus nalgas jugositas, apretaditas, redonditas…
-De allá somos- dije. Y puse manos a la obra. Tomé una cajita de Feels (it`s SO good) que la coneja (que todavía no me decía su nombre, dudo mucho que se llamara “conejo, si lo sacai te mato“) llevaba en su bolsillo. Embetuné al Pequeño Bodoque (recuerdan al pequeño Juan?) y apunté.

Conejita en 4 patas

La escuché suspirar y luego atragantarse, como si estuviera ahogada. Así que me moví un poco para permitirle respirar…

Ella me lo pidió con una sonrisa que no dejaba lugar a dudas. Era una pervertida de marca mayor. Sucia como una lucha en barro de lesbianas coprofílicas. Estábamos haciendo el famoso Candelabro Italiano cuando me acercó la boca al oído (no es difícil cuando tus orejas son mas largas que tus piernas) y me dijo su nombre…

Candelabro Italiano

El problema es que no pude entenderlo. Podría haber sido Katiuska Deyanira, o Petronila del Carmen. No lo sé con certeza.

Conejos fumando

Nos fumamos un cigarrillo que ella tenía en la cartera. Después se fue caminando a lo cowboy, con las piernas separadas. Algo le goteaba de ahí, pero di vuelta la cara. Me había dejado un papel con su número de teléfono. Lo tiré a la basura sin siquiera mirarlo.

10 thoughts on “Juan Carlos Bodoque: Historias Prohibidas

  1. Por qué mierda los chilenos son tan, pero tan ordinarios? por ultimo si la historia hubiera sido narrada por un europeo, le hubiera dado un toque mas elegante.
    Esta mierda de historia me da asco, es realmente patetica, tu “conejita” te apuesto 100% que era una flaite paseadisima de por ahi.
    Mala suerte la mia de haber vuelvo a este país.

  2. S malviajaron pero me entretubo los 3 minutos que tarde en leerlo tengo un juan carlos bodoque que me regalo mi exnovia mide como como un metro ayudenme a encontrarle pareja el cabron todavia es virgen jajaja un saludo

  3. en realidad mmm…. no le llevaba mucha fe a tu historia pero me rei = y harto, ah y no se de que se queja tanto el cuico de arriva despues de todo el mismo titulo del post hace alusion a lo que se trata .pero en fin buena historia

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