La verdad te hará libre

Hace siete días exactos, Ella vino a mi departamento a conversar. Hablamos de varias cosas y fue un momento tranquilo donde pudimos hablar de algunas cosas. Antes de despedirse, me dijo que si pensaba en que era posible arreglar las cosas, e ir a una terapia de pareja, primero tenía que decirle la verdad, entendiendo verdad como las cosas que pasaron pero que no debieron pasar. Le respondí que me parecía justo. Si para que existiese la posibilidad de estar juntos era necesario partir por sacar la basura entonces la sacaría. Quedamos en que lo hablaríamos pronto.

Ese día fue hoy.

Me cuesta mucho escribir ahora. Mi hermano me dijo, cuando llegué al departamento con cara de funeral, fue “¿de verdad pensabas que ella iba a querer volver contigo? Si hubiese tenido una pistola te hubiese disparado”.

Ingenuo de mí. Pensé que Ella  estaba pensando de verdad en intentarlo. No era así. Me dijo que me había mentido, que solo quería saber todo para tener más y mejores motivos para olvidarse de mí.  Eso, claro, justo después que le contara todo. Cuando digo todo, es todo. Es raro sentirse mal porque alguien te mienta cuando tú mismo le mentiste antes, pero así fue.

Todos mienten
Si todos mienten, ¿cual es el valor de decir la verdad? 

Le dije la verdad porque la amo. Porque creí -o creo- que la única forma de intentarlo es sabiendo que no hay nada que esconder. Porque el amor que siento es más grande que el dolor de perderla. Claro, ella se limitó a decirme que le doy asco, que no entiende como pudo pasar casi cinco años conmigo, que para ella estoy muerto, que me olvide que alguna vez la conocí. Cuando la mujer que amas te dice eso sin siquiera mirarte a la cara… pues duele. Duele un montón. Muchos pensarán que me lo merezco y que debería afrontarlo “como un hombrecito”, como si eso significara fingir que no siento nada, poner cara de póker y nada más.

Le pedí un abrazo de despedida. Se negó. Dios sabe que no puedo culparla. Caminé hasta el metro. Ya era de noche, y estaba en el tren, pero de todos modos tenía los lentes de sol puestos, para que la gente no me viera llorar. Estoy convertido en una nena llorona, lo sé. El viaje de vuelta a casa no demoró mucho, pero se me hizo muy largo.

Me siento pésimo porque la extraño. Porque aunque pienso que quizás ella y yo no éramos tan increíbles juntos como pareció en algún momento, me sigue doliendo. Porque desde hace algún tiempo que estoy resolviendo muchos problemas de mi vida, uno a uno. He sido fiel a lo que siento, he ido a terapia, he entendido mejor qué y como funciono. Qué es lo mejor para mí. Que es lo que debo evitar. Este proceso doloroso ha traído cosas buenas porque trato de mejorar como persona, de no quedarme en mi cómoda postura de “no tengo sentimientos”, porque no es eso lo que de verdad soy. Soy un tipo increíble, con muchísimas cosas buenas, y soy aún mejor que antes porque me conozco mejor y sé porqué hice lo que hice. No es que mañana vaya a cambiar, ya cambié y sigo cambiando. Soy mejor persona de lo que nunca fui, pero para ella solo soy el desgraciado que la engañó.

Sé que los pecados se perdonan, pero los errores hay que pagarlos. Siento que estoy haciendo e hice todo lo correcto, pero no sirve de nada. Si le hubiese vuelto a mentir, o si hubiese tratado de manipular las cosas de alguna manera, quizás ella hubiera accedido a intentar algo. Me encuentro entonces en una situación donde hacer lo correcto me llevó directo al desastre. Donde el valor de la verdad es insuficiente. ¿Para qué dije la verdad entonces, si me iba a responder que le doy asco? ¿Me siento liberado, me siento mejor? ¿Siento que le hice un favor o que me lo hice a mi mismo? Moví mis piezas con honestidad, mostré mis cartas y perdí.

Lo que es cierto es que nadie se muere de amor, se muere porque está mirado la ciudad de noche desde el balcón de un piso 17 y siente que la vida no mucho tiene sentido, entonces para qué  seguir calentándose la cabeza. En última instancia la vida no tiene sentido, uno le busca el sentido día a día en el vivir, sentir y experimentar. Ella es el sentido de mi vida, el motivo para hacer, pensar y crear.

Sé que tarde o temprano dejaré de extrañarla, que dejaré de amarla y podré encontrar a alguien más que me haga feliz. Lo sé. Pero hasta que eso ocurra, el amor que siento es inconmensurable. Pasamos casi cinco años juntos y la conozco desde hace nueve, si hay alguien con quien me gustaría por un rato creer en el destino, es con Ella. Creer que Constanza Isabel sí nacerá (nunca nos pusimos de acuerdo en el nombre del niño). Pensar que en cinco años, diez, veinte o cincuenta años más ella no se habrá arrepentido ni por un momento de haberlo intentado una vez más.

Pienso mil veces en sus imperfecciones, en las cosas que no me gustaban. Mientras más lo hago, más se me mete en la cabeza ese futuro imposible donde ella y yo estamos juntos. Hoy no quise suplicarle, no quise arrastrarme. No porque sea demasiado orgulloso para hacerlo, sino porque de todos modos no habría servido de nada. Aunque todo el mundo me dice que ya fue, que el daño está hecho, que ella tiene derecho a empezar con alguien más, que yo debería hacer lo mismo, me siento incapaz de asumir y afrontar su decisión.

Se mueve dentro de mí ese personaje de novela negra que funciona tan bien en las novelas y tan mal en el mundo real. Ese que dice que no puede ni quiere rendirse. Ese que pide una oportunidad diciendo “si alguna vez te vuelvo a decepcionar, yo mismo me pondré una bala en la cabeza”. Ese personaje que conoció la felicidad, y el dolor de perderla lo vuelve loco, oscuro, torturado, buscando sin descanso una oportunidad de redimirse que le permita volver a sentir que la existencia vale la pena. Una oportunidad que, claro, nunca llegará.

Escrito por Boolture

7 Comentarios en “La verdad te hará libre

  1. Medea Responder

    Septiembre 2, 2012 at 11:26

    La verdad no libera a nadie, la verdad no es extracultural es una construcción social y tiene puntos de vista. La verdad de otra persona te puede hacer sentir como si te azotaran la cabeza con el piso…
    Todo el dolor que sientes y ella te hace sentir es: el amor que sientieron o sienten. No sé por qué amar alguien, eventualmente, te lleva hacer trizas a una persona. Pero a la larga se aprende a vivir con el odio y con el amor dependiendo del lado en el que te encuentres.

  2. _Natilla Responder

    Septiembre 3, 2012 at 11:00

    Personalmente, creo que afrontar algo como hombre, no significa no sentir dolor, todo lo contrario. Significa aceptar las consecuencias y las circunstancias por duras que sean, y son duras precisamente porque la weá duele.
    Ahora, sobre mentir o decir la verdad, el caso es que da lo mismo. En cualquiera de las dos situaciones, le hubieses mentido o le hubieses dicho toda la verdad, habrías jugado ciertas cartas (sólo que cartas distintas) para luego enfrentar la posibilidad de perder. Si le hubieses mentido te podría igualmente haber dicho “No te creo nada, no confío en ti, todavía me ocultas cosas, me das asco”. Lo que seduce de esa opción es que no la tomaste, por ende se mantiene como una interrogante lo que podría haber pasado. Y es tentador aferrarse a ese “¿y si hubiese sido distinto?”.
    Igual la persona de más arriba tiene razón, la verdad en sí no libera. Lo liberador es cuando llegas a un punto en el que lo que sea que pasó -y creo que es válido para cualquier conflicto- te es indiferente y puedes decir con absoluta honestidad “ya fue”. Y por eso vemos a gente haciendo toda clase de cosas para llegar a ese punto, para tratar de tener una conclusión o un cierre, que puede incluir juntarse con el otro a decirle ciertas verdades o a escucharlas. Pero como las weás tampoco son mágicas (a menos que creas que son efectivos los rituales del estilo Jodorowsky), generalmente ése es sólo un paso o esa sensación de indiferencia y aceptación llega cuando menos te lo esperas y cuando ya ni siquiera la buscabas. Cliché, lo sé, ¿pero se puede evitar decir algo sobre este tema y no decir algún cliché en algún momento?

  3. el Responder

    Septiembre 6, 2012 at 7:19

    Lo que parece solo parece, tras el portazo (alegórico)lo que se muestra, desde esta perspectiva, es: me cagó y tiene que sufrir, no porque me cagó; mi sufrimiento no es por lo que hizo, sino porque no sé por qué no puedo aceptarme aceptando que lo hizo. Dilato y pataleo pero en el fondo … no termino.
    Así es y será. (ojo)
    La pregunta es ¿Quien es esta persona -que es aquello en ella- que no acepta para perdonar y tampoco acepta para terminar?

    Por otro lado está tú, esperando una aceptación que tu no aceptarías de aquello, que aunque no ha sido auténtico (genuino), pero HA SIDO y que de ser aceptado en el fondo te dejaría realmente a fojas cero, es decir iniciar algo de nuevo, mejor “comenzar” algo nuevo, reconociendo ¿quienes son relamente ustedes? y ¿quienes anhelan llegar a ser? y priorizar según ese sentido, renovando ese sentido a riesgo de sinsentido -base muy común y perceptible del sentido de lo que no es mío, pero que se muestra desde el silencio de lo mío. El silencio del ser nos inunda; con tantos portazos, recriminaciones, ensoñaciones y apegos no escuhamos.

    Él

  4. Juego Oblicuo Responder

    Septiembre 14, 2012 at 4:35

    Compadre, voy a bajar a un nivel práctico pero algo filosófico también, algo propio de hombres y no de revista femenina.
    “Moví mis piezas con honestidad, mostré mis cartas y perdí”
    Con las minas no se puede ser ‘plain straight’ hablarles exacto lo que uno tiene en la mente, osea se puede, pero capaz se pierdan en tus observaciones o te encuentren perverso o degenerado, nada nuevo cierto ? Qué es la seducción sino ir modulando suavidad y fortaleza, encanto y desinterés ? perverso no ? ellas mismas inventaron éste juego perverso compadre. Uno puede mostrar toda la potencialidad de su mente privilegiada, solo porque a ella le parece tremendo lo que no comprende y se siente como una niñita otra vez (estoy exagerando pero ves que hay algo de cierto). Lo central es lo siguiente y no lo he podido resolver conceptualmente, si quiero un pan, agarro un pan, si quiero sacarle la chucha a un weón le doy un empujón y se arma en 2 tpos. Las minas no quieren eso, NO LO QUIEREN, sospecho que si llegara que se yo, brad pitt y les ofreciera el pico capaz se lo coman pero no terminaría de satisfacerlas. Ellas inventaron ésta weá extraña de no ser directo, plano y honesto, ellas quieren ‘trato’, ‘consideraciones’ hacen pequeñas y medianas pruebas a lo largo del cuento, creo que se entiende el punto que tampoco es nada nuevo al fin y al cabo.

    Cacha pos wn, llegan a decir que los hombres no entienden nada, tu sabiai que a Sócrates la señora le sacaba la chucha ? una mujer que no debe haber sido un mosquito en altura intelectual, en comprensión de verdades, en asociaciones de lo mejor del pensamiento occidental. Osea un weón más elaborado que él debe haber pocos.

    Lo choro de todo ésto alcanzo a ver es que tu mina se puso ‘como hombre’ al final de la relación, osea dejó de lado los eufemismos justo cuando tocaba hacerte cagar en el suelo, pero probablemente tu le hubieses hablado en esos términos la primera semana a ella y no habrían ido a ninguna parte, osea ella vuelve a validar la idea que cuando hay que hablar en serio la cosa tiene un estilo ‘masculino’ dejándose de mierda.

    Ellas inventaron éste juego oblicuo y taimado donde la verdad sin pelos no vale excepto para hacerte cagar.

  5. dios Responder

    Septiembre 15, 2012 at 4:36

    suicidio es la unica solucion

  6. Worm Responder

    Septiembre 21, 2012 at 1:18

    ¿En que momento la gente se volvió tan pelotuda para las relaciones? Hay gente que se merece estar un par de años absolutamente solo…

  7. _peace Responder

    Noviembre 3, 2012 at 9:21

    Dijiste todo lo que tenías que decir y fuiste honesto contigo mismo. Toma este tiempo para llorar, pensar, conocerte mejor y sanar. La vida es muy misteriosa, nadie sabe qué viene mañana. Vive este duelo a tu ritmo, un clavo no saca a otro clavo, las heridas que no sanan bien tarde o temprano vuelven a molestar. Atesora todo lo que has aprendido de esto, te servirá para tu próxima relación.
    Hoy en día es más fácil fingir una relación que asumir que nos fue mal y las cosas no salieron como querías.

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