Las dos clases de problemas

Siempre he creído que existen 2 clases de problemas. Uno son los verdaderos problemas, cosas importantes que surgen sin previo aviso y que crean lo que en el cine y literatura se denomina un “punto de quiebre” (también “punto de inflexión”). Esto quiere decir que, no importa lo que pase, es imposible que podamos volver al anterior estado de las cosas.

Si tu casa se incendia, si te quiebras una pierna, o si te despiden de tu trabajo, es muy probable que una serie de otros hechos encadenados generen una nueva serie de situaciones difíciles de controlar, y que harán, de un modo u otro, que algunas cosas de nuestras vidas cambien para siempre.

El segundo tipo de problemas son los contratiempos. Pequeños inconvenientes que tienen sólo un efecto momentáneo y de escasa importancia: la micro que no para, el lápiz que no escribe, no queda tinta en la impresora justo antes de entregar la tesis, cosas así.

Por lo general los grandes problemas son para mí un asunto muy fácil de manejar. En esos casos puedo pensar con mucha calma, reflexionar y actuar en consecuencia. No siempre tengo la razón, pero no es algo que me quite el sueño. Si hay alguien con sangre fría durante los grandes desastres, ese soy yo.

Sin embargo, tengo un pésimo humor para las cosas pequeñas. No voy a decir que una micro que no se detiene en el paradero va a arruinarme el día, o que voy a llorar por un lápiz que decide no escribir. Son algunos de esos pequeños inconvenientes, que suceden en un mal momento, los que generan en mi interior una ira difícil de controlar. En esos momentos, suelo tratar a todo el mundo bastante mal. No golpeo a nadie, y es muy probable que ni siquiera le grite, pero algunas personas que me conocen saben a que me refiero. Hay veces en que puedo ser de verdad muy mala persona. Una persona que hace cosas que no debería y que las hace con una sonrisa.

En esos momentos, bastante breves por lo general, siento deseos de quemar todo lo que esté a mi paso. Burn, baby, burn! burn and die! Por suerte, no pasa demasiado tiempo para que recobre el control de mi mismo, y encierre de nuevo a la bestia en las cavidades de mi mente.

El problema es que a veces disfruto esa sensación. Cuando Hyde sale de paseo.  Lo hace con demasiada frecuencia durante el último tiempo. Aún no descubro el porqué.

2 thoughts on “Las dos clases de problemas

  1. Andar de mal genio, demostrarlo e imaginar catástrofes con fuego y torturas es algo que no se suele hacer siempre, es negativo para la salud y para tu entorno social…

    ¡¿Cómo no se va a disfrutar?! Jajaj

    Igual penca que sea tan frecuente, mejor guarda un poco de mierda para tirar cuando anden todos felices xD

    Salú.

  2. Jajajajaja… muy bien dicho, Mely! =P

    Yo no tengo mi Hyde tan escondido… de hecho hay una manera muuuy fácil para que salga a hacer de las suyas: si tengo hambre, el mundo se puede ir al fucking infierno!

    n_n

    El resto del tiempo puedo explotar porque se nubló, porque va a llover, porque tienen Pepsi en vez de Coca Cola, porque mi gata me despertó, porque tienen ravioles con espinaca en vez de con ricotta… y un largo etc. que en realidad puede ser cualquier cosa si ando de malas.

    En esas ocasiones paso de Elote a Pop Corn XD

    Pero tb se me pasa rápido y vuelvo a ser el encanto de persona que soy habitualmente (sic) =P

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