Machismo en la Universidad

Quizás hayan notado que durante los últimos meses el movimiento feminista ha estado bastante activo- en redes sociales, medios de comunicación, etc.-, lo que a título personal me parece no sólo bueno, sino también necesario. Lo digo estando en la cómoda posición de ser hombre en una sociedad machista, (esa que ataca al feminismo porque “los hombres también sufren” o “ni machismo ni feminismo, igualdad” o “las mujeres ganan menos porque se embarazan“) pero al mismo tiempo, como daño colateral de la violencia machista.

Imagino la reacción:

¿Hey, Boo, me estás diciendo que tú sufres de la violencia machista? Espera un poco. Tú, hombre, de 1,86 y 100 kilos, profesional, heterosexual, ¿sufres de la violencia machista? Un tipo al que jamás han manoseado o insultado en la calle, que nadie te preguntó si pensabas embarazarte antes de entrar a un trabajo, al que nadie ha tratado de forzar sexualmente ni abusado por ninguna pareja,  ¿Tú sufres de la violencia machista? ¿No crees que estás poniéndote en una situación de víctima que no te corresponde?

Bueno, sí. Soy daño colateral. No, no porque me sienta injustamente tratado como “machista sin serlo” o porque atacan a “mi género” cuando “no todos somos machistas”, o ninguna otra pelotudez parecida. Voy a explicarles esto de la mejor manera que sé: en un post de 2.000 palabras que quizás podría reducir a la mitad pero el blog es mío y escribo lo que quiero.

El problema

Mi mujer* trabaja en un entorno laboral tremendamente machista. Es profesora, investigadora y jefa de carrera en una universidad. En Ingeniería. Una de esas carreras donde la relación entre hombres y mujeres es 10 a 1, tanto para estudiantes como profesores. Las únicas otras mujeres en la carrera son -adivinaron- secretarias administrativas. Tiene un jefe que se permite comentarios sobre sus piernas y la ropa que usa, o que le pide que le lleve un café porque no se le ocurriría pedírselo a un hombre. Le pagan menos que a todos sus colegas varones por hacer exactamente el mismo trabajo. La respuesta oficial de la universidad es que “ella negoció mal al ingresar“, (al parecer todas las mujeres del mundo son peores negociadoras de salarios que los hombres). Mientras que a sus colegas los gastos de algún viaje efectuado para representar a la universidad (congresos, charlas) se los reembolsan completos y sin hacer preguntas, ella tiene que justificar literalmente, cada boleta. Más de una vez le han dicho “esto no lo vamos a cubrir porque está fuera de presupuesto“. Incluso le han pedido que agregue un hombre como co-investigador en sus proyectos porque “es más probable que se lo den a un hombre“.

Sumemos los chistes machistas, los comentarios sobre sus logros (basados en la premisa de “Si consiguió X es porque se lo chupó a Fulano” y no porque ella pudiese tener algún mérito),  la afecta de manera lenta y constante, casi como el mar ataca las rocas y las convierte en arena. Si pones cualquier mujer a soportar el machismo por tiempo suficiente tarde o temprano cederá a la presión de ese entorno. Una especie de síndrome de Estocolmo de las relaciones entre hombres y mujeres.  No daré demasiados detalles (no porque sean secretos, sino porque no vienen al caso).

Cuando reclama, es porque “es sensible porque es mina“, o “está con la regla“.

Esta situación debe ser conocida para muchas mujeres. Y para muchos hombres también, que -como yo- deben tratar de apoyar a una persona que lo pasa mucho peor en el trabajo. Es fácil decir “mejor cámbiate de pega“, pero ¿por qué debería buscar otro trabajo que le gusta sólo porque un montón de imbéciles son incapaces de entender? ¿Por qué es ella la que debe salir perdiendo?

Algunas mujeres de otras carreras o que se mueven en el mismo entorno simplemente se rindieron. Le dicen que tiene que entender que “es una escuela de puros hombres”, que “el jefe es machista porque es viejo, de otra época“, que “al menos puede trabajar“, o que “hace años era mucho peor que ahora“.  Para ellas el problema no es de los monos no se han decidido a bajar de las ramas, sino de las mujeres que esperan que las traten como iguales. A esas mujeres ni siquiera tienen que pedirles el café, lo llevan por iniciativa propia, porque asumen que es lo que deben hacer, sin importar su rango.

Así que, ¿qué se puede hacer? ¿Qué puede hacer una mujer agotada por tener que pelear por lo mismo TODOS LOS DÍAS? ¿Resignarse y cambiarse de trabajo? ¿Resignarse a además de las complicaciones propias del trabajo, tiene que lidiar con todo esto?

La Investigadora-Profesora-Mesera perfecta.

¿Solución?

El problema para muchas mujeres en una situación parecida es que tratan de ganar esta batalla siguiendo las reglas:  hacer las cosas bien, trabajar lo mejor posible, discutir con argumentos, y en resumen pedir que las traten como si fueran seres humanos. No se dan cuenta que para algunos el machismo es como respirar: si tratan pueden controlarlo, pero si se distraen lo hacen de forma inconsciente. Es parte de su sistema.

Lo que propongo en realidad no es una solución. Una solución es, por definición, un método para resolver un problema. Aunque muchos dicen que la única solución al machismo es educar a nuestros niños en el respeto y la igualdad, la verdad es que no quiero esperar 25 años hasta que el recambio generacional haga su trabajo. No, mi “solución” es combatir fuego con fuego. Es usar la cancha dispareja a su favor. Es jugar su juego y obtener un beneficio de eso, no sufrir porque las cosas no son lo justas que deberían ser. Es una pelea que no va a ganar si sigue dándola como hasta ahora, sólo le garantiza una cajita con la estrella verde.

¿Si reclama por algo es porque está con la regla? Perfecto. Ahora tiene permiso para mandar a todo el mundo a la mierda, llorar en público, no hacer la pega, irse temprano para la casa porque “está indispuesta”. ¿Hay algún trabajo que no le apetezca hacer? Entonces basta con decir que “esa es pega de hombres” porque “las mujeres no sirven para eso, porque son tontas“. ¿Así que les gustan los chistes sexistas? Bueno, es hora de empezar los rumores sobre el rendimiento sexual de los demás, comentar que probablemente ya necesitan viagra, que les cortaron el agua y por eso andan enojados. Que son inútiles y no pueden ni coser un botón.

Que les arda.

Corolario

  • ¿No es esto fomentar el machismo al fin y al cabo? Es difícil responder. En mi opinión, no, siempre y cuando esta actitud sea un acto consciente y en represalia, no lo normal de todos los días.
  • ¿No es machista que trates de solucionar los problemas de tu pareja diciéndole qué hacer? Creo que no. Sería machista si a) la estuviese obligando a seguir mi consejo y b) si le dijera que aceptara las cosas como son, que algunos hombres no van a cambiar y que se tiene que conformar.

 

*Después de múltiples preguntas al respecto aclaro: ella y yo nos sentimos cómodos usando ese término.

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