El metro cuadrado

“El asunto es que yo siempre he sido mala leyendo entrelíneas. Estuve durante un buen tiempo (¿unos 3 años?) intentando leer constantemente entrelineas. El 99% de las veces había algún mensaje oculto en las cosas que me decían, lo que me terminó por volverme bastante paranoica con respecto a lo que las personas no decían con respecto a sí mismas.”

Mi ex, en su blog.

Cuando alguien siente que su pareja está invadiendo su metro cuadrado, o su espacio personal, ¿a qué se refiere en realidad? podría ser a que lo llaman 36 veces al día para saber dónde está, y con quien y saber a qué hora va a llegar; a que no puede salir solo sin que sea motivo de sospecha o a que una persona intenta llenar cada pequeño vacío de su existencia con la presencia de la otra. Podría ser a que se meten en sus problemas sin haberlo pedido o da consejos no solicitados.

En mi caso, mi metro cuadrado es mental. En términos simples: déjenme pensar tranquilo. Que esté en silencio no significa que esté enojado. Y si me estoy guardando algo, ¡¡no me molesten preguntando, carajo, que por algo me lo guardo!! A las mujeres les gusta ser interrogadas una y otra vez ¡a mí no! ¿Quien dijo que uno tiene que contar todo a sus amigos o a su pareja? ¿Por qué alguien querría saber cada pensamiento que tengo, y por qué tendría yo que contarlo? No me molesta que me pregunten donde estaba o con quien (aunque no siempre responderé o diré la verdad, pero esa es otra historia). Si me quieren llamar mucho, que lo hagan (quizás no contestaré si estoy ocupado), si quieren seguirme me da lo mismo. Pero el espacio dentro de mi cabeza es sagrado y quien quiera indagar lo que ahí ocurre debe andar con cuidado.

El problema, y es ahora donde la cita inicial cobra sentido, es que soy un Mentat camuflado que prepara fintas en las fintas de las fintas. Disfruto muchísimo jugando a adivinar que piensa o siente el resto sin que puedan hacer lo mismo conmigo, en una especie de desafío constante. Casi cualquier persona que quiera conocerme tendrá que estar adecuándose a mis jueguecillos, o ignorándolos por completo.

Pero bueno, ¿no es cierto acaso que la única libertad de que disponemos realmente está dentro de nuestra mente? ¿Tiene algo de malo? Aparte de que provoca que una persona insegura se sienta aún más insegura… ¿Le hace daño realmente al mundo ocultar lo que pienso?

Mi ex se quejó siempre por mi tendencia a no decirle qué estaba pensando y por ello sentirse en un estado de incertidumbre (pensando en que estaba callado por estar enojado, y enojado porque ella habría hecho o dicho algo incorrecto).  Su inseguridad  no era mi problema, sino de ella. Un par de otras chicas (que no merecen el apelativo de “Ex” debido a su mínima importancia en mi existencia) hicieron también algún comentario acerca de eso: mi silencio sin motivo aparente. Mi polola, hace unos pocos días, me hizo notar lo mismo. Claro que a ella se lo expliqué en detalle, no quiero que se pase rollos por tonteras.