¿Por qué hay que inscribirse para votar?

Hace unos días llegó a mi casa una cuenta del agua con un cobro adicional por retraso. Después de revisarla, mi viejo (que es adicto a archivar todos los papeles posibles, sobre todo los inútiles) me mostró las boletas pagadas de los últimos 6 meses, todas a su debido tiempo. Me pasó la última (que incluía los últimos 2), para que fuera a reclamar, junto con las anteriores.

Así que partí pensando en que con las pruebas en la mano no tardaría nada en aclarar el asunto. Le pregunté al guardia donde podía reclamar por un cobro indebido y su amabilidad inicial se esfumó para transformarse en una sutil indiferencia. Miraba para todos lados como si tuviese a un ladrón en la mira, me miraba de reojo, levantaba la cabeza, y evitaba a toda costa mirarme a los ojos.

-Disculpe, le pregunto dónde puedo reclamar por un cobro indebido.
-¿Cómo dice?
-Un cobro indebido. En la cuenta de este mes me están cobrando el mes pasado, pero tengo la boleta pagada.
-…
-Disculpe, ¿me escuchó?
-Ahí está la fila.
-Pero esa es la fila para pagar.
-Claro, pague la cuenta y si hay algún error se le descuenta el próximo mes.
-Pero atrás dice que si uno no reclama la cuenta se da por aprobada.

Ante su segunda avalancha de indiferencia, me di la vuelta, diciendo “Saco e` hueas”. El guardia dijo algo que no escuché por darle la espalda. Me giré y lo miré a los ojos. El tipo, mas bajito y rechoncho que yo, apretando con desesperación su bastón y escudado detrás de su infantil insignia de plástico con un águila, siguió mirando el horizonte.

Fui a mirar a una oficina, y a otra. Me senté al final a hablar con una “ejecutiva” a la que le conté el problema. Me preguntó con tono triunfante que cómo podía comprobar que había pagado la cuenta, y perdió el entusiasmo cuando le mostré las boletas con sus respectivos timbres. Empezó a teclear en la pantalla, esperó, me miró, sonrió, volvió a teclear y a mover el mouse, se levantó, fue a darse una vuelta, volvió y me trajo una solución: si el cobro está mal hecho, el sistema lo detectaría y lo descontaría del mes siguiente.

-Acá la boleta dice que si no reclamo en 30 días, se da por aprobado.
-¿A ver?

Miró la boleta un rato. Empezó a mirar para todos lados, igual que el guardia, tratando de pensar a quien le pasaba el cacho.

-Disculpa.
-…
-¡Disculpa!

Ojos de huevo frito me miran.

-¿Eres tú la supervisora del local?
-¿Cómo?
-Que si eres tú la supervisora, gerente, o lo que sea.
-No.
-Entonces llama al supervisor o voy a armarte una casa de putas aquí, porque me tienen aburrido de esperar -Lo dije con mi mejor sonrisa y cara de amabilidad absoluta.

Después de un rato llegó el famoso supervisor. Me escuchó con cierta atención, en donde expliqué mi problema y aproveché de indicar que el guardia era un tarado y la ejecutiva una tonta con minifalda. El tipo, que pensaba que yo era una de esas personas con el complejo de “llamen al gerente”, se dio cuenta de que yo sólo quería que me dieran una cuenta por el valor correcto, y no por un mes atrasado que al final ya había pagado. Se rascó la cabeza, hizo una llamada telefónica y después de desaparecer un minuto o dos, me trajo una hoja impresa con la cuenta por el valor correcto.

¿Cual es la moraleja de la historia?

Tuve un problema que nadie quería ayudarme a resolver. La amabilidad no funciona, por mucho que tuviese las pruebas en la mano, y que el sentido común indique que con ellas no hay más que discutir. Al final, fue la amenaza de la violencia/agresividad/gritos lo que hizo que la persona correcta se parara delante mio. Un poco más de esfuerzo y listo.

Supongamos que estoy disconforme por algo muy distinto. Por ejemplo, porque las tarifas que cobran me parecen excesivas. ¿Tendrá sentido reclamar en esa misma sucursal, con ese misma persona? Es evidente que no, al punto en que parece tonto proponerlo. Si tuviese ese tipo de queja, tendría que ir a la gerencia de la empresa, lugar donde me indicarían la ley donde se marcan las tarifas legales vigentes.

Es decir, hay problemas que deben resolverse de manera local, hablando con las personas (secretarias, porteros, supervisores, lo que sea), y otros que deben solucionarse de modo global, dialogando con las instituciones.

Digo todo esto porque me sorprende que los universitarios hagan marchas, se encapuchen (algunos), y crean que es un éxito su convocatoria porque hay 5.000 de ellos con pancartas y recibiendo estoicos el chorro del guanaco. Es decir, los encapuchados llevan 20 años haciendo lo mismo, exactamente lo mismo, sin absolutamente ninguna variación. Los universitarios un tiempo similar con sus marchas y tomas. ¿Para qué? ¿Hay alguien que pueda decirme que han conseguido?

Cuando tuvimos la famosa marcha de los estudiantes secundarios, las tomas de los liceos, la lucha en contra de la LOCE ¿qué ganaron? Ahora, que ha pasado algo de tiempo, ¿se dan cuenta de lo que ganaron?

Exacto. Nada.

El asunto es que para hablar con las instituciones, uno no saca nada con gritar, porque no tienen oídos. La única manera es poner o sacar a la gente que mueve esa maquinaria. La única manera es votar.

Las marchas no sirven

Hace unos días salió en las noticias un “polémico” documento de la UDI que indica porqué el partido se opone a los proyectos de inscripción automática en los registros electorales y obligación a votar. El asunto es simple: la mayor parte de los “obligados” son jóvenes menores de 30 años, que, según este informe, tienen una mayor tendencia hacia la izquierda. Sería en consecuencia un aumento explosivo en el universo electoral, pero no proporcional al partido. Es, por tanto, una medida razonable para que el “Partido Popular” no salga perdiendo.

Ojo, que eso implica no haber escuchado a los jóvenes que no se inscriben. El decir “no me interesa la política” no significa “soy de izquierda”. Mientras que toda una generación universitaria, heredera de los miedos post-dictadura vive todavía entonando cánticos de Victor Jara, la siguiente, la que ahora está empezando a estudiar, es mucho más permeable a cualquier otra tendencia política. No les interesa seguir con el discurso contra Pinochet y pro Allende, no les interesa más la militancia en el Partido Comunista que hacerlo en las filas del Opus Dei.

¿Significa que no les interesa nada más que mirarse el ombligo?

No. Quiere decir que son flojos.

Cualquier persona que se queje de algo debiese votar, aunque sea para poner un pato yañez en el papel. No inscribirse NO es una opción política. (Seguro que sale algún pelotudo citando que cualquier acto y/o palabra es acto de poder y toda esa cantinela deconstructivista que me tiene podrido).

Es decir, todos los llorones que no votan, estarían mejor viviendo en dictadura. Así nadie los molestaría preguntándoles su asquerosa opinión, o asignándoles la terrible tarea de perder una hora cada dos o tres años.  No tendrían que pensar en el futuro, o qué programas de TV quieren ver o qué libros quieren leer, porque todas esas decisiones vendrían impuestas por otros, y los dejarían sumidos en la patética felicidad de pensar-en-no-pensar

Ahora, para no seguir dando la lata, cierro:

  • Las protestas no sirven. No cambian leyes. Si es que las cambian, es como proyectos de ley que se duermen en el congreso. A lo más, sirven en instancias locales, como una facultad, para presionar al decano a que ponga papel higiénico en los baños.
  • Tirar piedras a un guanaco es inútil. Están blindados.
  • Decir que no votas porque no te gustan los políticos es una contradicción. Deberías votar precisamente porque no te gustan, y cambiarlos. La única razón porque no lo haces es porque te da flojera. Reconócelo.
  • 3 millones de electores extras (los que se agregarían si se aprueba la ley de inscripción automática) son suficientes para elegir un presidente no-derechista, no-concerta. Son una poderosa fuerza política que está haciendo tuto.
  • No puedes exigir democracia si no estás dispuesto a gastar un día cada cuatro años para que funcione.
  • Ergo, dejen de ir a marchas sin sentido y voten.