¡Plata, plata, plata, plata!

Hace un par de días, conversando por Skype con Félix, salió el tema del arribismo de los chilenos, mal que sufrimos casi todos en mayor o menor medida. La pregunta de porqué somos una sociedad tan exitista, tan materialista y tan preocupada por aparentar ingresos (los tengamos o no), tiene que ver, en mi opinión, con lo siguiente:

El sistema económico en Chile, una de las tantas herencias de la dictadura militar, deja la mayor parte de los bienes y servicios esenciales en manos del mercado, en desmedro directo del aparato estatal. Esto significa que si quieres algo, tienes que pagarlo, y la calidad de lo que recibes está en directa proporción con lo que pagas. Si no puedes pagarlo, es tu problema (por esa mentira capitalista del “esfuerzo personal”). Esto nos lleva a que cosas tan preciadas como la salud, acceso a la justicia, cultura o la educación dependen directamente de tus ingresos. Nuestra desesperación por el dinero, por aparentar y mostrar es simplemente una consecuencia de un sistema en donde las garantías son muy pocas si no tienes como pagarlas. Si no tienes plata, en Chile en realidad no tienes nada. En esta selva nadie quiere ser una gacela, todos quieren ser leones, porque ser gacela significa que eres el almuerzo de alguien.

¿Quien quiere decirle al resto que no ha ido al oftalmólogo, al dentista o al pediatra porque no tiene plata? En un accidente de automóviles, da lo mismo de quien sea la culpa, el que pierde casi siempre será el que tiene menos plata para gastar en abogados. ¿No ganaste lo suficiente y tu jubilación no te alcanza para comer? Cagaste te mandó sus cordiales saludos.

Por el otro lado, el éxito económico de Chile se debe precisamente a lo mismo. Si comparamos a los chilenos con los habitantes de otros países de Latinoamérica, por lo general los chilenos somos los fríos, los grises, los estructurados, los preocupados del trabajo, del dinero y de poco más. En cualquier país donde la educación superior sea gratuita para todos sus habitantes -por dar un ejemplo-, hay una presión mucho menor por conseguir dinero, lo que conduce a una productividad más baja, a que las personas estén menos dispuestas a trabajar 12 horas diarias, a sufrir estrés, ansiedad, acoso laboral o depresión por trabajos que odian pero donde son bien pagados.

Estas son dos caras de la misma moneda. Las personas nos adaptamos a nuestro entorno lo mejor posible, sea cual sea. Chile goza de una economía razonablemente sólida y en términos de poder adquisitivo, una población más rica que la de otros países. El precio a pagar es la miseria humana donde todo funciona bajo la lógica de “exprimir” valor al resto para asegurarnos nosotros. Otra consecuencia es que la mayor parte del talento se dedique a tareas exclusivamente financieras-industriales donde exista el mayor potencial de ganancias, y no a Ciencia, Pedagogía o Arte, simplemente porque esas carreras no dan de comer.

Cuando se pregunten por qué sus amigos postean tantas fotos de sus vacaciones en el Caribe, de su nuevo auto, de su nuevo departamento, de la ropa Zara que le compraron a la guagua, del latte frapuccino del Starbucks o hablen de sus proyectos y “las lucas” y “yo no trabajo gratis”, recuerden que son gacelas muertas de miedo pensando que el león se las va a comer.

El problema es que el león es real.

Escrito por Boolture

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