¿Qué hago ahora que no estás conmigo?

Me miré al espejo. Las ojeras que tenía eran peores de las que tenía ayer, que ya eran bastante malas. Me acosté tarde después de escribir un buen rato. Traté de leer algo, pero no pude. Apagué la luz. Desperté muchas veces en la noche.

Esperaba poder dormir hasta tarde, todo el día si fuese posible. Pero desperté temprano. Me di vueltas en la cama tratando de conciliar el sueño de nuevo. Un esfuerzo fútil. Estaba solo.

Solo.

Solo mirando el techo. Pensando. Pensando en llamarla. En mandarle un correo. En decirle que la necesito. Sé que es mala idea, y la descarto por el momento. ¿Me levanto a hacer ejercicio? ¿A prepararme algo de comer? ¿A trabajar? El último par de días no han sido lo que se dice productivos y podría tratar de ponerme al día. ¿Me levanto a ordenar? ¿Salgo a caminar? ¿A poner algo de música y tratar de despejar mi mente? ¿Me quedo acostado sintiéndome miserable? ¿Voy a verla a su casa a pedirle perdón por milésima vez? ¿A decirle que me falta el aire sin ella? ¿A intentar hacerle creer que este pedazo de ser humano vale más que todas las miserias que la hice pasar? ¿Que no estoy vacío por dentro?

Mirandome al espejo

¿Que hago ahora que no estás conmigo?

Pasó un buen rato. Despacio me puse algo de ropa. Encendí el computador, para hacer lo único que me servía en ese momento.

Escribir.
Llorar.
Escribir.
Llorar.

Escribir y llorar y pensar. Repetir las veces que fuese necesario.

Tenía la certeza de que ese sería un largo día.

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