Reflejo condicionado

Se dio cuenta de que era una actitud paranoica por su parte, y él no era del tipo paranoico. Sin embargo, la traición hacía eso; que uno no se comportara como era de esperar.

Tom Wolfe, “Todo un Hombre”

Me siento mal. Físicamente mal. Sé que es por un asunto mental, pero el saberlo no lo reduce. Estoy solo. Escucho música y trato de despejarme. La extraño. Siento como si la cabeza me pesara demasiado y tengo una sensación de opresión en el pecho y en el abdomen. No he comido nada desde ayer, pero la idea de echarme algo a la boca me resulta extraña. El hambre desapareció y solo quedó una sensación vacía y lejana. Mi hombro derecho me duele más de lo que pensé que era posible.

Pongo el volumen casi al máximo, tanto que puedo gritar casi sin oír mi propia voz. Pena y la molesta sensación de no saber qué hacer. Eso siento. Hay una parte de mi cerebro que sigue funcionando como siempre, como si no pasara nada. Porque es normal sentirse así de vez en cuando y nada de lo que haga podrá evitarlo. Se me pasará cuando se tenga que pasar. Igual que el amor. Esa parte de mi es un mentat indetenible, una máquina que no deja de calcular probabilidades y analizar el proceso con una extraña y distante fascinación.

Voy al baño. Mi estómago se revuelve. Me miro un rato al espejo. Abro la llave del del agua fría y me mojo la cara. De golpe, una explosión sube por el esófago. Vomito en el lavamanos. No tengo nada que vomitar, solo expulso bilis. Abro la llave. Otro par de arcadas y algo más alcanza a salir. Me gustaría haber tenido algo que botar. Escupo y me enjuago la boca.  Me miro en el espejo. Romperlo de un puñetazo sería demasiado cliché. Camino de vuelta al computador, a tratar de seguir escribiendo.

No, no voy a tomar analgésicos, relajantes musculares ni pastillas mágicas de la felicidad. Estoy haciendo todo lo que puedo para entender como fui tan idiota para que las cosas salieran tan mal. Pero incluso si no lo consigo, el Mentat dentro de mi cabeza quiere establecer un reflejo condicionado. Que esto me duela tanto, pero tanto, que deje una impronta indeleble. Tanto así que hago algo que he evitado durante días: ver sus fotos. No parece una buena idea.

¿Qué es ese ruido? Son mis propios gritos. Por un instante siento que estoy abstraído de mí mismo, que no estoy aquí, ni en ningún lugar. Pero es sólo un instante. De golpe vuelvo a sentirme dentro de una moledora de carne. Lloro. Grito. Hace rato que dejé de intentar controlarme o contenerme.  Saco el teléfono y leo por milésima vez el último mensaje que me envió. Una voz -mi propia voz- suena dentro de mi cabeza, como si estuviera en una maldita cinemática de Max Payne.

¿Crees que aprendiste la lección? No, hay niveles de dolor que ni siquiera imaginas. Como parece que te cuesta entender, vamos a asegurarnos. Este será un momento de verdad inolvidable. Ella lo pasó mal por ti. Es hora de pagar tus deudas. Con intereses.

Miro la botella de vodka. Sacudo la cabeza. El vodka y mis penas de amor no son compatibles. Menos viviendo en el piso 17. Como si a alguien le importara.

Reflejo Condicionado

Un día después

Abro los ojos. Ella es lo primero que se viene a mi mente. El hombro me molesta, aunque no me duele tanto como ayer. No quiero pensar en cuantos días malos me quedan por pasar.  “Te amo”, pienso. “Te amo y te necesito”.

Un nuevo día empieza.

One thought on “Reflejo condicionado

  1. no es novedad que las minas que estábamos “demasiado” enganchadas con el galán de turno, quedamos arruinadas por un buen rato después de terminar una relación afectiva, como para empezar la reconstrucción a paso veloz.
    lo cierto es que, leer estas líneas, me transportó a mi pasado, me di un paseo por mis días de víctima y regresé del mas allá para probar que sigo siendo todo aquello que él no me pudo quitar.

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