Tengo algo que decirte

El asunto es muy simple: se junta un grupo de foreros a tomar una cerveza y conversar un rato. Es algo que de un modo u otro siempre me ha llamado la atención, participé en varios foros y estuve en varias juntas/carretes. Así que estoy ahí, con una cuantas lucas en el bolsillo y tirando la talla, tomando esa cerveza barata que no me gusta mucho pero es algo que estoy dispuesto a dejar pasar.

Ya esta casi oscuro, estamos en una terraza atestada. Y la chica en cuestión termina, no me pregunten cómo, sentada al lado mío. Tiene un reproductor de Mp3, saca los audífonos y me acerca uno, preguntando “¿Conoces a…?” no recuerdo el nombre de la banda. Dejo que coloque el auricular en mi oído y escucho. El ruido circundante no me deja escuchar del todo bien, pero me parece que es algo más o menos rockero. Sonrío.

-No, no los conozco, respondo.

Pasa un rato y unas cervezas más. La chica me empieza a molestar empujándome las piernas con las suyas por debajo de la mesa. Pasa un rato antes de que me dé cuenta que no es porque todo el grupo está apretado en dos mesas, sino que ella está haciéndolo con toda intención. Le empiezo a devolver los empujones, muy despacio y disimuladamente.

-¿Como te llamai?
-Boo.
-No poh, en serio, dime…
-Boo.

He fumado un montón de cigarrillos y mi voz suena grave y ronca. Pero yo sé que eso a las chicas les encanta, así que como soy un hijo de puta cuando le hablo lo hago muy cerca de su oído.

-Dime como te llamas, porqué tanto atado…-Pone cara de cabra chica con pataleta.
-Claudio.

En mi interior me estoy riendo. Ella cree que ahora tiene un gran secreto.

Son casi las 22:30, todo el mundo toma metro asi que es hora de irnos a casa. Y la chica, que ha estado tocando mis piernas todo el rato me toma del brazo y trata de que nos vayamos lo más rápido posible.

-¿Qué vas a hacer ahora? -me pregunta.
-Irme a mi casa a dormir. A diferencia tuya, yo trabajo y me levanto temprano todos los días.

Espero al resto del grupo, la chica me suelta el brazo y caminamos en masa. Ahora hace lo posible por que nos quedemos atrás, fuera de la vista del resto. Me trata de convencer.

-Oye, no seai fome, vamos para otro lado después…
-No.
-¿Porqué no?
-Estoy pololeando.

Se enoja y aleja. Mejor. Pero canto victoria demasiado rápido. Vuelve a acercarse.

-¿Y estai muerto acaso?

Lamento los efectos del alcohol en mi cuerpo. No se me ocurre nada ingenioso que decirle, nada duro y humillante que la aleje definitivamente.

-No, no estoy muerto. Pero estoy pololeando.

Vuelve a apartarse.

Cuando entramos al metro el grupo se dispersa: están cerrando las puertas y el que no se apura está frito. Voy caminando muy despacio, mal que mal aunque prefiero el metro, estoy en un lugar donde tomar micro no es complicado. Entro de todos modos y ahí está ella. Se acerca y me abraza. Me trata de dar un beso. Me aprieta con fuerza, pero naturalmente soy yo quien tiene más fuerza, la separo y giro, para que no pueda volver a intentarlo. Ella sonríe, al parecer cree que me ha convencido y que esta noche va a pasarlo bien. Le hablo al oído.

-No.

Me mira enojada.

– Ándate a la mierda entonces.

Y bueno, me voy a la mierda. Es decir, tomo el metro y me voy a la casa. Y lo primero que hago después de orinar y tomar un poco de agua es llamar a mi polola.

-Hola, ¿como estás? Tengo algo que decirte. Prefiero contarte yo antes de que alguien invente alguna tontera.

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