Un mal viernes

Hablé con Claudio. Nos juntamos en el metro, pasamos a comprar unas cervezas y nos fuimos al departamento. Fue una buena conversación, le hice una actualización de lo que estaba pasando, me escuchó y aconsejó. Se fue y me quedé solo. Traté de trabajar un poco, pero estaba desconcentrado. Me di un par de vueltas en Internet.

Empecé a sentir pena. Se abrió camino despacio caminando desde detrás de la cabeza y el estómago, hacia adelante y arriba. Busqué la carpeta donde están sus fotos. Traté de pensar en qué estaba sintiendo, y porqué. Me quedé pegado mirando una foto que le saqué en su pieza. Se ve realmente hermosa. Se me caen algunos lagrimones. Tengo algunas fotos de ella durmiendo. Había una época en la que podía pasar mucho rato viéndola dormir, haciéndole cariño con la nariz pegada a su cuello. A veces hablaba dormida y yo me reía y le conversaba en voz baja.

Como una forma de protegerme, empecé de manera fría a analizar cosas que estaban mal de la relación. Otras cosas aparte de lo evidente, claro. Una parte de mi mente tomó el listado de quejas y lo expuso con claridad. Estaba convenciéndome a mi mismo de que ella no es perfecta, que tiene mañas y defectos, que la relación tampoco era idílica. Pensé en terminar varias veces, por diferentes motivos. Hubo temas que traté de conversar (“la comunicación es la base de la relación”, decían) y no conseguí nada.

Tristeza

Una explosión. “Te extraño”, pensé. Me di un momento para que saliera esa pena. Pasó. Fui al baño, me lavé la cara. Mientras estaba en eso, vuelve a salir. Dejo que salga. Pasé un minuto con la cara contraída y los mocos colgando. Pasó. Me lavé la cara de nuevo.  Fui al computador. Es viernes, quizás podría haber salido a algún lado. Pero no tenía ánimo de salir o de ver a nadie. En la pantalla todavía estaba su foto.

Otra explosión de pena. Este fue un llanto mas profundo y doloroso. El gato estaba sentado en una silla. Me acerqué y le hice cariño mientras lloraba. Yo, no el gato. Me miró con su felina indiferencia mientras más y más lágrimas me caían de los ojos. Pasó. Fui a buscar algo de papel. De nuevo. Me faltó el aliento. Dos minutos después, pasó también.

De nuevo. El dolor es más fuerte, más intenso. ¿Por qué me dueles tanto?

Vino entonces una oleada de ataques de llanto. Duraban un par de minutos, conseguía calmarme por un momento y empezaba otro. Me tiré en la cama, y lloré. Me tapé la cabeza con la almohada. Gritos ahogados. Me retorcí. Le di golpes al colchón. De nuevo. Me senté  en la cama. Me golpeé las piernas con los puños. Otro ataque más. Me empezó a doler la cabeza. Una y otra y otra vez.

Pensé en las personas que me dijeron que si necesitaba algo, llamara a cualquier hora. ¿Qué voy a decirles? ¿Que estoy muriéndome de pena? ¿Que ya no doy más? ¿Que han pasado unos pocos días y que siento que han sido años?

Me calmo un momento. Es el ojo de la tormenta. Intenté hacer un trato conmigo mismo. “Dejaré de tener esperanza, pero a cambio no quiero sentirme mal. Si prometo no llamarla, no enviarle un correo, dejará de dolerme”. Fue inútil. Las lágrimas venían en olas cada vez más grandes y empecé a sentir que mi cordura corría peligro.

Me acosté. Estaba agotado y dormir me haría bien. Pero seguí llorando, cuestionándome y seguí tratando de convencerme que no puede ser amor esto que siento y que me hace tanto daño. ¿Como dejé que ella tuviese tanto poder sobre mi? ¿Cómo puedo dejar que otra persona pueda hacerme sentir así?

Estaba tapado, con la luz apagada. Me dio frío. ¿Frío? ¿A mí me dio frío? Sí. A mí. Estaba tiritando de frío, llorando y sintiendo que no me era posible procesar lo que sentía. Ahogado y angustiado.

¿Que quieren que haga? Pensé que estaba dispuesto a ceder lo que fuese, entregar lo que fuese, rendirme sin condiciones, olvidarme de ella, cualquier cosa para no seguir sintiéndome así, para que alguien me sacara ese dolor y me dejara volver a respirar. Llevaba ¿una, dos? horas en un estado de completo desastre emocional, enfrentando un dolor tan enorme que no me dejaba espacio para nada más.

Sostuve el teléfono en la mano. Busqué su número. Solo tenía que presionar “llamar”. Pero ¿qué iba a decirle? Ni siquiera podía hablar. Con toda seguridad sólo escucharía llantos incoherentes mientras trataba de decirle algo. Pero ¿qué iba a decir que no hubiese dicho ya? ¿Que me perdone? ¿Que me dé una oportunidad? ¿Que estoy haciendo todo lo que alguna vez debí hacer? ¿Que la amo?

Otra oleada. Y otra. Y otra. Y otra. Estaba agotado, con el cuerpo adolorido, la garganta irritada, los ojos hinchados, muerto de frío. Cada vez que trataba de calmarme intentando asumir que las cosas se acabaron, que es  mejor haber amado y perdido que nunca haber amado, que todo esto pasará y algún día ella ya no me importará, el dolor volvía. Una parte de mí se estaba revelando en contra mía. Recordé detalles. Los cuatro pequeños tatuajes. Los lunares en su espalda. Sus pies pequeños y bonitos. La piel suave de su cuello y hombros. Me avergoncé de mi amor. Me avergoncé de desearla con tanta intensidad, reconocer que quiero besarla, abrazarla y escucharla, pero también quiero sacarle la ropa, morderla, acariciarla. Decirle que la amo estando dentro de ella, oírla gemir, mirarla a los ojos mientras nos movemos. Pasarle despacio la lengua por la espalda y sujetarla del pelo. Quedarnos ahí, a oscuras, cansados y con la piel brillante por el sudor, escuchando el ruido de los autos que pasan por la calle. Dormirnos abrazados. Despertar en la noche y sentir que todo está bien porque estamos juntos ¿Como puede ser amor algo tan animal? Ni siquiera pude pensar con claridad, porque vino otra oleada. Y otra.

“Este no es un concurso de sufrimiento”, pensé un momento. “No porque sufra más va a perdonarme. Y no hay muchas personas que quieran estar con un guiñapo como el que me he convertido”. Recordé cuando vimos Into The Wild. Estábamos juntos en el mismo lugar en el que yo estaba ahora. Es la única película con la que he llorado. Ella se sorprendió cuando se dio cuenta.

“Happines only real when shared”

Tuve miedo. Le dije que la película me había conmovido. Pero era una verdad a medias. La verdad era que yo estaba pasando por cosas de las que ella no tenía idea. La idea de perderla fue lo que en ese momento me quebró. Dejé que me abrazara y nos quedamos en la cama. Juntos. Los recuerdos se desvanecen en medio de más y más oleadas de dolor, de pena, de angustia.

Pensé de nuevo en llamar a alguien, en buscar apoyo.

Dos horas después conseguí dormirme. Soñé con ella. Desperté en la noche añorando su compañía. Lloré un poco antes de volver a dormirme. Amanecí como si hubiese pasado la noche en un refugio antitornados y, al abrir la puerta, descubrir todo destruido hasta donde alcanza la vista.

“Esto pasará”, repito como un mantra. “Esto pasará, dejarás de amarla y dejará de doler”.

Por supuesto, no funciona.  Because happines is real only when shared… with you.

Escrito por Boolture

5 Comentarios en “Un mal viernes

  1. Assilem Responder

    Agosto 11, 2012 at 11:17

    Tus últimos posts me recordaron un poco a un cuento de Héctor Manjarrez, se llama “Amor”. Te recomiendo leerlo. No ahora, pero si algún día lo pillas por ahí, échale un vistazo.
    Lo digo porque Protagonista sufre tanto por Mujer Amada que uno, inevitablemente, se siente menos solo.

    Eso, saludos.

  2. Caradetina Responder

    Agosto 21, 2012 at 12:05

    Nooo te pasaste.
    A mi tb me paso y ahoga, el sufrimiento ahoga ene, y te cuestionas y no tiene sentido, pero sí. Y duele la cabeza, y llega en cualquier momento y hay que botarlo todo y ahoga.
    Pero a las semanas volví a salir y no hay nada que el tiempo y unas piscolas no cure (ni tantas, no queremos llamarla de nuevo).

    El asunto es que al cabo de unos meses, aún lo extraño, pero agradezco haberlo tenido. #eso.

  3. Corcoro Responder

    Agosto 24, 2012 at 1:39

    Se hace patente que estando con ella (la mina de uno) las cosas tienen sentido, yo tb me he sentido perdido después de no estar con la que fue mi mujer por muchos años. Recorrer el camino con la imaginación no es lo mismo que sentir con las entrañas, necesitar estar con ella, su abrazo acogedor y feliz, cálido a cagar, el sentido del humor y compañía. La calentura regaloneada y el asombro de su belleza, sus ojos.
    Veamos si éstas cosas son o no cursis.
    Y pensar que tantas veces pensé que era una mina tonta, después he llegado a pensar que era una especie de diosa de la felicidad y aún así podía ser un poco tonta, es decir como tú dices el amor puede ser tan animal, un apego tan de especie, mamífero a cagar.
    Solo por compartir mis pensamientos anónimos.
    Estando con otra mina y lograr un entusiasmo parecido te juro por mis cocos que es posible, se puede empezar a ver en otra mujer, otras tienen otras magias, otros encantos tb sublimes, HAY ctm !!! (habrá q dejar pasar un tpo pero no veo otro camino de valor similar)

  4. CESAR NAVARRO B Responder

    Agosto 24, 2012 at 11:54

    Las penas del @infierno@ del hombre mas triste que quedo abandonado por la susodicha culpable de su pena.

    El problema no es solamente de tuyo, si no que los involucrados terceros hacen malabares para no irse tambien al infierno, todo resiprocamente, estan los quiebres acompagnados siempres de algo, alegrias, penas, risas, muertes, nacimientos, etc. dependiendo del quiebre que haya ocurrido. con mi experiencia digo ciertamente que los impulsos sin frenos te puedieran llevar a cituaciones muy lamentables, tratando de evadir el pasado, enfrentandote a los recuerdos de los terceros.
    Por esto un consejo de alguien que paso algo asi,
    pon el freno de mano y echale pa` elante en algunas situaciones de libertinaje.
    Que te sirva esto
    Atte Yo

  5. Fabi Responder

    Mayo 12, 2013 at 12:17

    Sólo quiero preguntarte, si deseas responder por supuesto, cómo estás “hoy”?. Después de leer éste artículo y La verdad te hará libre… me estremecieron tus palabras porque como muchos, senti lo mismo. De lo mío (yo decidí alejarme) pasó mas de 1 año y desde no se cuanto ya no me duele respirar por tanto necesitarlo. Las sensaciones que describiste eran tan exquisitas y perfectas que contrario a arrepentirme de haber deseado tanto…florecio una sonrisa complice por saber que simplemente he vivido….y sigo acá, libre, feliz, porque estoy con quien mas feliz puede hacerme….Yo misma. Abrazo hermano.

¡Comenta!