Sueños corruptos

“No estudié seis años en la U para esto”

La última vez que escuché esto lo dijo Angélica, una vecina. Tiene 31 años, una hija de 4, y tiene 7 meses de embarazo. Es arquitecto, titulada de una buena universidad. Sin embargo, jamás ha tenido un contrato de trabajo, siempre le han pagado “a honorarios” (véase “boletear”). Está obligada a seguir trabajando desde casa, porque de lo contrario simplemente la “despedirían”.

¿Han escuchado decir algo parecido a otras personas? Apuesto que sí. Cuando me pasa, siempre pregunto de vuelta:

Entonces, ¿para qué estudiaste seis años en la universidad? ¿Qué esperabas?

michael jackson popcorn

Te endeudaste e invertiste años para terminar una carrera universitaria. ¿Qué esperabas que ocurriera después? Cuéntame más.

El sueño americano

¿Se acuerdan del sueño Americano?

El sueño americano o, en inglés, the American Dream, puede definirse como la igualdad de oportunidades y libertad que permite que todos los habitantes de Estados Unidos logren sus objetivos en la vida únicamente con el esfuerzo y la determinación.(…) Se refiere a que la prosperidad depende de las habilidades de uno y de su trabajo, no de un destino rígido dictaminado por la jerarquía social.

Dicho de otro modo, “trabaja duro y verás resultados“. En Estados Unidos este modelo tácito de familia y sociedad desapareció hace bastante (quizás el golpe de gracia final se lo dio la crisis subprime, en la que cientos de miles de familias perdieron sus casas). El sueño americano tiene sus propias versiones en cada país, pero siempre está asociado a una promesa de progreso y felicidad si haces lo que se debe hacer con voluntad y tesón. No importa lo humilde que sea tu origen, si te esfuerzas lo suficiente también podrás tener una casa con piscina, dos autos, un perro y tres hijos. Nadie, en realidad, nos ha prometido nada de eso, pero aún muchos de nosotros los consideramos sueños reales, objetivos a cumplir para demostrar al resto y a nosotros mismos que hemos progresado, creyendo que nuestras vidas serán mejores.

Para muchos, alcanzar una de estas metas termina por transformarse en algo peor que la misma situación en la que partimos. Son los sueños corruptos. Años de tiempo y esfuerzo invertido para alcanzar algo que, poco a poco, se deshace como si una plaga de termitas estuviese devorándolo. Los sueños corruptos son una pequeña tragedia que está experimentando mi generación, pero no muchos parecen haberse dado cuenta.

El problema, si queremos llamarlo como tal, no aparece en el momento en que obtenemos algo -da igual si nos esforzamos o no- sino después de obtenerlo.

“Sacar un cartón”

¿Por qué alguien estudia una carrera universitaria?

Una persona estudia una carrera porque es una promesa de algo. La promesa de aprender una profesión, de trabajar en ella y de tener un sustento para sí mismo y para su familia. Qué carrera escoge cada persona depende de sus capacidades (intelectuales y económicas) y de sus preferencias personales. Cuando nuestros padres eran jóvenes, la cantidad de personas que llegaban a la educación superior eran pocas y tener un cartón era sinónimo de trabajo. Y buen trabajo. Entonces la ecuación parecía simple: mis hijos deben estudiar en la universidad, porque eso les garantizará una buena vida.

Ese sueño está corrupto. Al parecer la mayoría no se da cuenta, o es incapaz de escapar de ese esquema mental (conocido como “carrera de ratas”). Por supuesto, hay muchas personas que estudian una carrera, la terminan con éxito, consiguen un buen trabajo y todo funciona de maravilla, tal como estaba planificado. Excepto por todos aquellos a los que no les funcionan las cosas, y que descubren que los estafaron.

¿Por qué hay tantas universidades repletas de estudiantes metidos en carreras de mierda que nos les garantizan nada? Acá hablamos mucho del esfuerzo personal y lo que importa es la calidad del profesional, y no de la universidad“, pero no me vengan con cuentos, si sabemos que -en promedio-gana más un gásfiter que un diseñador gráfico, más un taxista que un periodista y más un conductor de maquinaria pesada que un psicólogo. ¿Es porque son carreras saturadas por el mercado? ¿Es porque el mercado de la educación es ineficiente? ¿Es porque los empresarios son todos codiciosos? Da lo mismo el motivo. La realidad es que hay miles de personas que terminan una carrera superior después de años de esfuerzo, en muchos casos endeudándose por más de una década, para encarar una realidad muy distinta a la que sus padres creían que significaba el título. Tener ahora un cartón no es equivalente a tener trabajo. Depende del tipo de cartón (carrera, universidad), del mercado laboral, de los contactos, de muchas otras cosas. Puedes pasar años estudiando y gastando dinero para descubrir que en el mundo laboral eres un paria, un “cesante ilustrado“, una pieza que no encaja en la maquinaria y que hubiese tenido más éxito siguiendo un camino diferente. Pero claro, ya es muy tarde para corregirlo. Estás jodido.

Grito

Mi reacción cuando alguien acaba de salir de la U, no tiene trabajo y planea hacer un diplomado o magister para encontrar pega.

Algunos son tan ingenuos que creen que el problema de las carreras universitarias es que ya no basta con un cartón, para trabajar DEBES TENER un posgrado. Un posgrado es algo que uno debería hacer cuando tiene varios años de experiencia, para complementar conocimientos y crecer como profesional, volviéndote mejor en lo que ya sabes hacer, no un requisito mínimo para encontrar un trabajo donde no te paguen una miseria. Pero vamos a endeudarnos un poco más -o que los papás paguen- para sacar un cartón adicional que solo demuestra que pudiste pagarlo, porque no tienes:

  1. Suficiente experiencia en el mundo real para aplicar lo que aprendiste.
  2. Capacidad de aprender por ti mismo.

Si fuera por la cantidad de MBAs que hay en Chile este país debería tener una economía desarrollada más o menos del tamaño de la de Japón, pero estamos lejísimos de eso porque muchos de esos cartones son solo un dato más en el currículum vitae, un intento de destacar del resto cuando un reclutador mira decenas de postulantes. Si estás pensando en hacer un magister para mejorar tu empleabilidad, piénsalo de nuevo.

Por supuesto que en Laborum o Linkedin vas a leer muchos artículos del tipo “Los diez posgrados mejor pagados del 2016” o “como aumentar tu empleabilidad con un diplomado en línea“. Te tengo noticias: la educación es un NEGOCIO DE PUTA MADRE, con RENTABILIDAD ESTRATOSFÉRICA y la única manera de mantener los billetes circulando en la dirección correcta es con INCAUTOS QUE SE TRAGUEN LA PUBLICIDAD. A estas alturas, el marketing de posgrados está al mismo nivel de irrealidad que los comerciales de Coca Cola o de perfumes.

¿Cuantas personas que conocen boletean eternamente sin conseguir un contrato decente? ¿Cuantos con buenas notas en la universidad, y que ahora viven con amigos porque no pueden permitirse arrendar un departamento por su cuenta? (no hablemos de comprar uno). Aunque, pensándolo bien…

“Tener donde caerse muerto”

Hace algún tiempo escribí porqué es una mala idea comprar un departamento (para vivir en él y endeudándose con el banco). Ha pasado bastante tiempo y al parecer no me he equivocado (T13, BBC, LUN) . No estoy seguro de cuando comenzó a usarse la frase “el sueño de la casa propia” como un deber de cualquier persona decente: “Si no tienes tu propia casa eres un pobre diablo que no tiene donde caerse muerto”.

Uno puede probar muchas cosas antes de comprarlas, pero no se puede hacer un test drive de una vivienda. Es la inversión más importante en la vida de la mayoría de las personas, y todo se limita a una miradita al piloto, y luego la revisión final antes de la entrega. Para algunos funciona bien. Para otros, no.

¿Crees que tu departamento va a valer más en veinte años (cuando termines de pagarlo) porque las propiedades siempre suben de precio?

Porque claro, uno compró y se emociona cuando dice “este pedacito de mundo es mío” (aunque le deba pagárselo al banco durante los próximos 25 años). Conozco varias personas que se sacaron cresta y media para juntar la plata del pie, los papeles, y convencer al banco que todo estaba en orden, que lloraron de emoción cuando les entregaron las llaves y la escritura y ahora, algunos años después, se das cuenta que alguien se los cagó bien cagados, tanto que parecen los jueces en un concurso de diarrea.

Cuéntenme, amigos que compraron su departamento hace cinco o más años… ¿Está todo bien? ¿Los ascensores siguen funcionando? ¿Funcionan el sauna, quincho, gimnasio, sala de computación y cualquier otro argumento de venta que parecía tan atractivo en el folleto? ¿Que tal las reuniones de comité? ¿Nadie está atrasado en los gastos comunes? ¿No tienes vecinos ruidosos? ¿El piso flotante aún no cruje como tablas viejas? ¿Que tal el ruido exterior? ¿No se hacen tacos afuera de tu edificio, verdad? ¿Tienes estacionamiento?

Algunos han tenido suerte y no sufren ninguno de esos problemas. Pueden sentirse parte de una aventurada minoría. Para el resto… ¿Qué se siente deber al banco otros diez años de dividendo? ¿Cómo crees que estará tu edificio en una década? ¿En mejores condiciones? ¿Seguirá rodeado de parques? ¿Sin inmigrantes de todos los colores y tamaños? Pero tranquilo, que lo que importa es que tienes donde caerte muerto.

 

“El tocomocho”

trafico

Que rico tener auto para no tener que tomar metro o micro al ir a la pega.

Un automóvil es libertad, es comodidad, es pasarlo bien o al menos en el papel y en los comerciales. Tener un auto antes era una forma de destacar sobre el resto (piensen que todavía hay mucha gente que habla de la “tremenda camioneta” o “feroz auto” que tiene un tercero, como si por el mero hecho de tener tal vehículo uno fuera mejor persona). En la publicidad nunca hay tacos, nunca hay que darse vueltas para encontrar estacionamiento (si es que encuentras uno en que no haya que pagar más de lo que cuesta la bencina), nunca hay quince hijos de puta que no señalizan al doblar o cambiar de pista, no hay señoras que manejan tanques de cuatro ruedas como si fueran efectivamente tanques, arrasando todo a su paso. Si son conductores, seguro entienden a qué me refiero.

Ahora tienes tu hermosa SUV 4×4, con aire acondicionado, llantas de aleación, airbag, radio con bluetooth, el paquete completo. Espero que realmente AMES tu camioneta, porque vas a pasar en ella mucho más tiempo del que habías pensando, y te va a salir mucho más caro de lo planeado. ¿Lo mejor de todo? Siempre puedes revenderla por un máximo de 50% del precio de venta, y seguir pagando las cuotas que te faltaron.

Por supuesto, en una ciudad donde el transporte público es deficiente (al menos para nuestro estándar ideal), lo mejor que uno puede hacer es en realidad tragarse el tráfico, y asumir que eso es mejor que viajar en metro o micro, pasando dos horas diarias de tu día en contacto íntimo forzoso con desconocidos.

Ideas finales

Por supuesto que hay muchos otros “sueños corruptos”. Las vacaciones en el extranjero compradas en una promoción de Despegar.com (y pagadas en 24 cuotas), la elíptica que todos tienen en su casa (y que funciona como un costoso e ineficiente perchero), el programa de ejercicios que muchos modelos fitness siguen para tener esos cuerpazos…

Etc. etc. etc.

Creo que no es necesario explayarse más, ya he explicado mi punto. Si eres de las personas que estudiaste una carrera y te va bien, bien por ti. Si compraste tu casa y es perfecta, bien por ti. Pero para otros, no sé cuantos, estos son sueños corruptos, son mentiras que nos han contado -nuestros padres, nuestras familias, nuestros amigos– y que perseguimos como perros detrás de un auto, incapaces de entender que incluso si alcanzamos la rueda, no será lo que imaginamos.

La receta para la felicidad que nos dieron no funciona, aunque siempre parece que para el resto sí. La vida de los demás sí es mejor en su departamento, su carrera profesional sí le da un trabajo satisfactorio, su pareja sí es todo lo que la nuestra no, etc. etc. El pasto siempre es más verde en el jardín del vecino, dicen. La verdad es que no, no es más verde. El color es el mismo: color “tierra seca”, porque estamos todos en un peladero con maleza, no en un jardín. Punto.

¿Qué puedes hacer?

Pasé un buen rato pensando en un cierre demoledor para este post. Alguna forma de decir “no estás condenado a perseguir tu infelicidad” o algo de ese estilo. La verdad, no estoy seguro que haya ninguna solución genérica que se pueda aplicar a todo el mundo. Es tu problema, no el mío. Si sientes que te estafaron, haz algo. Si pasaste años esforzándote y ahora sientes que te vieron la cara… No sé, reacciona. O sigue en tu miseria. A mí me da lo mismo. Como dije, es tu problema.

Aunque quizás esto pueda ayudarte a enderezar un poco las cosas.