Por qué no uso WhatsApp

Boolture 13 Nov , 2018 0 comments Sociedad

No uso Whatsapp.

No uso Telegram.

No uso Signal.

No uso ningún sistema de mensajería asociado al número de teléfono. Esto me convierte -casi siempre- en el bicho raro de las reuniones, cuando todos acuerdan, después de una hora de conversación, “coordinar por WhatsApp” (porque en eso consisten las reuniones: agrupar personas en una habitación para intercambiar números para enviar mensajes de texto en frases cortas en el futuro). Me miran pensando que es una broma, que es obvio que sí lo uso.

No soy un ermitaño, ni tampoco un renegado de la tecnología (muy por el contrario). Hay muchas maneras de contactarme. El correo electrónico suele ser lo más eficiente (para mí). Están los SMS de toda la vida. DMs en Twitter. Skype o llamadas telefónicas.

¿Qué pasa si no usas WhatsApp? No mucho, en realidad. Es lo mismo que no tener Facebook. Tengo una cuenta de Facebook con un puñado de contactos, que mantengo activa solo para correr campañas publicitaria de vez en cuando. Las personas se acostumbran a que no estás ahí, y, si es importante, te tratan de ubicar por otros medios. O no lo hacen en lo absoluto, lo que por raro que parezca, no es algo malo. ¿Quien necesita todavía más notificaciones en su teléfono? ¿Más personas que recordar? ¿Más maneras de perder el tiempo? ¿Más ansiedad? ¿Más interrupciones? ¿Más opciones que configurar? ¿Más problemas de privacidad? No usar Facebook reduce de forma considerable la cantidad de interacciones sociales ligeras con las que lidiar, y me permite concentrarme en aquellas que son más significativas para mí.

Cada vez hay más personas que dejan de usar Facebook, y puede que con Whastapp ocurra lo mismo. Estas son mis razones para no usar Whatsapp. No estoy tratando de convencer a nadie. Solo estoy ahorrando tiempo: la próxima vez que alguien me pregunté, le enviaré el enlace (por correo, por supuesto).

El ruido

Tres cuartas partes de la “comunicación” que se realiza a través de WhatsApp es lisa y llanamente basura. Memes, videos con mujeres gimiendo, cadenas de oración, noticias falsas, conventilleo, o simplemente información que no sirve para nada. No necesito eso en mi vida (quizás tú tampoco), y no quiero gastar energía mental en separar y filtrar lo que podría ser valioso de lo que no.

Siempre hay quien asegura que es una gran herramienta para comunicarse con los colegas de trabajo, o para armar equipos de personas (como los entretenidos grupos de WhatsApp de apoderados del curso o de compañeros de carrera), y puede que en algunos casos lo sea, pero incluso esos grupos terminan por convertirse en un torrente de cosas-que-no-le-interesan-a-nadie. Gente que pregunta cosas que podría buscar en Google, que comparte noticias falsas “por si acaso”, o videos porno de enanos.

Esto se produce porque el costo de enviar un mensajes es casi cero. Esto hace que el valor percibido al tiempo propio y de los demás sea también cero. Si enviar un mensaje costara $10, te aseguro que enviarías menos. Si costara $100, todavía menos. Si costara $1000, sería de uso exclusivo en casos realmente importantes. Whatsapp es un buen ejemplo de”dos veces algo bueno no es el doble de bueno“.

Nota: Por eso me gustan los SMS: según el plan que tengas, pueden ser muy baratos, pero no son gratis ni ilimitados. Tienen un máximo de caracteres. No permiten adjuntan imágenes, emojis o stickers. Las personas los usan de forma eficiente. Te envían lo esencial en uno o dos mensajes, no más.

La presión por la respuesta inmediata

Si algunos sentíamos que con la combinación de correo electrónico y teléfono móvil la comunicación era inmediata, Whatsapp lo llevó a otro nivel. Las personas esperan recibir una respuesta en tiempo real, y son emocionalmente dependientes de aquello. Envían un mensaje, y se quedan mirando la pantalla esperando una respuesta. “Juanito vio tu mensaje”. “Juanito está tipeando”…

Uno podría argumentar que ese es el problema de quien envía el mensaje, y que tú respondes cuando quieras o puedas. Pero ya he visto suficiente gente manifestar ansiedad por no obtener respuestas rápidas, o quienes se quejan de mensajes laborales que llegan cuando no deberían, de colegas o clientes que sienten que . Uno puede no revisar el correo de trabajo durante el fin de semana, y el mundo parece estar habituado a ello, pero al parecer no responder un mensaje laboral enviado por WhatsApp es mucho menos aceptable.

“Me dejó el visto”

Ese parece ser un tema nacional. Le clavaron el “visto a alguien”. Alguien vio tu mensaje y no respondió. Sabes que lo vio, pero no contestó. ¿No le importa? ¿Lo está pensando? ¿Qué significa eso? Quizás hay mil razones para que esa persona no haya contestado, pero en nuestra sociedad de salud mental tan débil, todos se imaginan lo peor. Puede que para ti no tenga importancia si alguien “te dejó el visto”, pero para otros sí. Te lo dicen. Te preguntan. Es tema. El cliente se enfada, porque esperaba “al menos un okey de vuelta”. Así que siempre envías ese okey, al que siempre responden con un pulgar arriba, al que se responde con otro. Esto lleva al siguiente punto.

La degradación del lenguaje

No soy un purista del lenguaje (bueno, quizás de vez en cuando), y entiendo que escribir ideas puede resultar confuso para quienes son incapaces de usar más de 200 palabras en su vida diaria, por lo que suelen preferir el uso de imágenes para expresarse. Internet ya había resuelto este problema con las caritas felices :D, pero ahora tenemos toda una serie de dibujitos que están diseñados para hacer las conversaciones más amenas y divertidas, aunque sospecho que también eliminan rangos completos de emociones. Cuando las personas dejan de usar palabras para comunicarse, no sé, quizás eso le quita algo importante a la humanidad, ¿no?

¿Qué significa esta cara? ¿No me parece? ¿No es lo que acordamos? ¿Estoy molesto? ¿Estoy enfadado? ¿Estoy enojado? ¿Estoy furioso? ¿Estoy a puntos de sacarte el corazón con un tenedor? Por mucho que esta cara parezca tener un significado obvio, requiere de más palabras (o ver la cara de la otra persona) para terminar de tener significado, lo que implica que su aparente utilidad es precaria en el mejor de los casos.

Nota: Cierto, esta pérdida de riqueza del lenguaje no es culpa exclusivamente de WhatsApp, pero fuck you.

“¿Con quién estás hablando tanto por Whatsapp?”

Otro clásico. Ni siquiera siento que deba explayarme al respecto: otra serie de interacciones fuera de línea que se producen porque vivimos rodeados de personas con problemas emocionales graves. Ya sabes lo que dicen: uno de cada cinco chilenos tiene un problema de salud mental. Si no conoces a ninguno, tengo malas noticias para ti.

La falsa comunicación

Cuando puedes enviar un mensaje a cualquiera de tus contactos, y esta persona tiene la posibilidad de responderlo de inmediato, se establece una sensación de cercanía y comunicación que es, creo, completamente falsa. Cuando hay decenas de personas compartiendo la misma atención, es difícil pensar que realmente te estás comunicando -en un nivel más profundo que el mero acto de transmitir información. Hay quienes mes dicen que “solo entran a Skype para hablar conmigo”, y es algo que me parece excelente, no por egolatría, sino porque esa persona se da un tiempo y espacio para mí, exactamente el mismo tiempo y espacio que me doy yo con ella.

Cuando se trata de transmitir información puede que Whatsapp funcione tan bien como cualquier otro medio parecido. El problema es cuando reemplazamos la verdadera comunicación entre seres humanos a un entorno tan limitado. Nadie que habla por Whatsapp está solo haciendo eso (siempre estás haciendo alguna otra cosa al mismo tiempo). La comunicación no se produce de la misma forma (no olvidemos que en comunicación el contexto define el contenido), porque, lo quieras o no, WhatsApp es un combate por turnos.

Si crees que tus relaciones personales son mejores gracias a que Whatsapp te ahorra la molestia de tener que conversar con tus seres queridos cara a cara, ¡Felicidades! tienes las necesidades emocionales de un tamagotchi.

Respuestas típicas

Cuando menciono alguno de estos puntos, las personas -siempre ávidas de meterse en lo que no les importa y con la suficiencia del efecto Dunning-Kruger, me responden con alguno de los siguientes disparates.

  • “Saca las notificaciones”: en ese caso, se pierde la inmediatez de los mensajes. Creo que es importante que exista la posibilidad de tener mensajes inmediatos. Quiero que la gente pueda interrumpirme si existe una razón poderosa para ello. Lo que no quiero es que tenga la posibilidad de interrumpirme 30 veces por cualquier estupidez.
  • “Bloquea a quienes molestan”. Bloquearía a todo el mundo eventualmente. Podríamos decir que no usar la aplicación es una forma de bloqueo preventivo.
  • “Si tu pareja es celosa por las conversaciones de WhatsApp es problema de ella”. Puede ser que sea un problema de ella. Puede que en realidad no quiera tener que explicar cosas (ya bastante tengo con explicar mis interacciones por Twitter), y me sea más eficiente no usar una aplicación que me aporta poco.
  • “Pon en mute los grupos que hablan tonteras”.¿Por qué formar parte de grupos de conversación de los que no quiero formar parte? ¿Por qué molestarme en configurar más y más opciones, filtros, condiciones y alarmas de conversaciones que no quiero tener? Oye, si te invitaron a un grupo y no quieres participar, pero tampoco te quieres salir, tienes un problema.
  • “Contesta cuando quieras”. Tiene sentido, excepto por lo ya mencionado: no puedes saber si el mensaje en cuestión requiere una respuesta rápida hasta verlo, así que de todos modos hiciste una inversión de concentración y tiempo.

Todas esas soluciones tienen, en mi opinión, un defecto fatal: son soluciones a problemas que no tendría si no instalara la app.  Es decir ¿por qué gastar tiempo en mejorar algo que está roto en primer lugar? Me he ahorrado un montón de tiempo y energía perdidos con el simple acto de hacer nada.

Hacer nada para ser más feliz. Me quedo con ese concepto.